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La llegada de ZUFFA Boxing al mundo del boxeo ha provocado una fuerte polémica en el boxeo tradicional, principalmente por la postura arrogante de Dana White hacia el deporte que hasta hoy conocemos.
El mandamás de la UFC ha declarado abiertamente que todo peleador que firme con su promotora no podrá disputar, ni defender títulos de organismos como la AMB, CMB, OMB y FIB. En otras palabras, sus peleadores solo podrán disputar el cinturón de su empresa, replicando el modelo de la UFC donde se controla todo: peleadores, cinturones, patrocinios, ingresos y acuerdos televisivos.
El boxeo ha cometido innumerables errores a lo largo de su historia y no es ajeno a excesos, ni prácticas cuestionables. Sin embargo, también ha sido una de las pocas salidas reales para peleadoras y peleadores que provienen de la extrema pobreza. En el deporte de los puños, muchos han encontrado una vía para escapar de la miseria y de las adicciones. En ese contexto, los organismos sancionadores, con todo y sus desaciertos, han sido históricamente el vehículo que permitió a miles de boxeadores encumbrarse económicamente.
En días recientes, recibí una respetuosa carta por parte del congresista Brian Jack, miembro del Congreso por el Tercer Distrito Congresional de Georgia, donde se compartieron avances sobre la reestructura del Ali Act, ley que rige al boxeo en Estados Unidos y que, en teoría, busca proteger principalmente a los peleadores.
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Los principales cambios propuestos por los congresistas Sharice Davids y Brian Jack incluyen aumentar el pago mínimo por round de 150 a 200 dólares; ampliar la cobertura médica mínima de 25 mil a 50 mil dólares; limitar la duración de los contratos a seis años; permitir que los boxeadores contacten a otros promotores 30 días antes de que expiren sus contratos y otorgar una compensación económica en caso de no tener combate durante seis meses.
En términos generales, esta propuesta busca mejorar las condiciones laborales de los boxeadores en Estados Unidos, aunque también impacta a peleadores mexicanos que cruzan la frontera para competir. El meollo del asunto es que el llamado “Ali Act Revival” es impulsado, en gran medida, por Dana White, un gran promotor que tiene apenas “cinco minutos” en el boxeo.
Esta fue la respuesta de Mauricio Sulaimán
“Una entidad poderosa, valorada en miles de millones de dólares, está alzando la voz en un intento de ingresar al boxeo y dominar el deporte, eliminando a los promotores y a los organismos sancionadores. Buscan hacerlo utilizando una ley de los Estados Unidos para ejercer control sobre los organismos mundiales y sus actividades dentro y fuera del país.”
La guerra de poder ya inició. De un lado está Dana White, con el respaldo económico de los árabes; del otro, una familia boxística profundamente desunida que, durante años, ha jalado agua para su propio molino.
En mi opinión, o se une la vieja guardia del boxeo, o Dana White, que amenaza con quedarse con el boxeo mundial, se convierte en el nuevo líder del boxeo a nivel global.
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