A veces olvido coordenadas y superficies, distancias, altura y profundidad y recuerdo lo infinito que es el mundo, el planeta Tierra, con todos sus entes vivos, mares, desiertos, junglas y bosques, lo que se puede tocar y lo que no, lo que se ve, lo que se siente con las manos, la piel, la mente. La vida. Qué mejor lugar para celebrarla que esos sitios para mi casi sagrados que son los cementerios y sus muertos quienes se la pasan muy bien entre flores de colores, como diría Mecano. Planos perfectos para la meditación, la contemplación, la introspección. Las tumbas sencillas, los grandes mausoleos, las estatuas y angelitos que decoran el último lugar de reposo de familiares, amigos, gente famosa y desconocidos. Me ofrecen paz e irónicamente vida en forma de árboles, plantas, pájaros, ardillas y otros bichos que no me gustan tanto pero que están en su derecho; yo sólo visito de vez en cuando y con todo respeto. Cliché como de pronto soy, mi favorito es Père Lachaise en París. Me gusta aparecerme por la tumba de Oscar Wilde y contar los besos ahí dejados, o acercarme a la de Jim Morrison donde se encuentran flores frescas todo el año.

Pero no tengo que ir a París para celebrar la vida o admirar la naturaleza. Al fondo de un cajón me encontré una triste papa a la cual le había salido algo que solo puedo describir como sombrero. Tomé dos palillos, la puse en agua y ahora tiene raíces y un largo tallo desde donde crece una hoja. La maceta ya está lista, sólo es cosa de organizarme. Alguna vez intenté cultivar jitomates, pero me fui de viaje, con eso les digo todo. No obstante, tengo dedos verdes y con los años he aprendido a calcular cuánta agua usar para regar mis plantas, aunque nunca falta la que se me va. Poco sol, demasiado sol, una corriente de aire invisible, muy cerca de la ventana, falta de vitaminas. Por lo general les doy una semana antes de buscarles un nuevo y más apropiado espacio, pero a veces ni así.

Luego está el otro lado de la moneda, cuando la vida se manifiesta demasiado, casi a gritos, por lo que hay que administrarla. Los aeropuertos, por ejemplo, son caóticos, que entre que la maleta y el carrito y el niño tirado en el piso haciendo berrinche y la señora que teme por la suerte del café que lleva en la mano, pero sin prisas se pueden lograr horas y horas de entretenimiento y práctica sociológica jugando con estereotipos y patrones de conducta como lenguaje corporal, vestimenta, tono de voz y demás cuestiones observables sin intromisión. En el argot de Viaje a las Estrellas, la Primera directriz que “prohíbe a sus miembros interferir con el desarrollo interno y natural de civilizaciones extraterrestres” (Wiki). Si no conoces mantén tu distancia y no te metas. El chavo ruco de la cachucha podría estar pasando por quimioterapia; la jovencita con el sesentón puede ser su hija y no su Sugar Baby; además, usar la imaginación es ejercitar el cerebro. Lo mismo aplica en cruceros, conciertos y en general grupos masivos de gente variada unidos por una sola causa. Cuando la vida se manifiesta a gritos el ejemplo más obvio es un bebé al nacer, y qué decir de protestas, marchas, desfiles, vidas que piden un cambio, que ponen el ejemplo, que presumen lo que son.

La vida es para vivirse con altas y bajas, atorones, miedos y momentos de felicidad, sorpresas, paciencia. Es subjetiva la vida, es extraña, mi sueño puede ser tu peor pesadilla y yo ni enterada. Entonces, a plantar papas.

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