Los lectores de gustos múltiples, que les gusta perderse en historias de propuestas variadas, que no duermen o duermen demasiado, que sueñan grato o tienen pesadillas. Lectores comprometidos con el placer del lenguaje, de la forma o el tema, las amistades que siguen esta columna en EL UNIVERSAL, tengo para ustedes la novela La clase de griego, de Han Kang, Premio Nobel de Literatura 2024, traducida por Sunme Yoon y publicada por Penguin Random House en México en noviembre 2024, y en España en septiembre de 2023. “Lo que quieres es llegar a un estado de sublimación literaria a través del pensamiento”, expresa la autora y esto es más que una lección de griego.

Han Kang nació en Gwangju, Corea del Sur, en 1970. Ha merecido numerosos premios literarios hasta alcanzar el Nobel, que la trajo a mi casa y a los clubes del libro de Culiacán y Los Mochis. Su literatura llega, toca nuestras fibras más dormidas y genera diversos pensamientos. Su escritura es fina, profunda, humana. Sus paisajes oscuros solo fortalecen el perfil intenso de los personajes que se mueven con discreción a lo largo de las páginas. La manera en que construye los paralelismos en La clase de griego desafían las perversiones más atrevidas, utilizando el recurso de la sutileza y la precisión. Cada momento que nos entrega puede ser un deseo o un sueño propio que nuestras reflexiones pueden desenterrar. Es posible que concluyan que al fin el Comité del Nobel nos ofrece algo que nos llega al corazón. Al entendimiento. Tienen un libro en sus manos que tiene vida propia. Desde luego que pueden conversar con él; preguntarle, por ejemplo, por qué las calles son tan largas, qué le pasa al hijo pequeño de la mujer muda que no la quiere ver en su escuela. ¿Por qué toma clases de griego?

Hay dos personajes principales. La mujer, que es muda, está sola, toma clases de griego y un día “soñó con una palabra que sintetizaba todas las lenguas”. El otro es el profesor de griego, que usa lentes de fondo de botella porque pronto quedará ciego y sin ellos no distingue lo que tiene enfrente. Estudió en Alemania, regresó a Corea y vive solo también. Es lector de Borges, “el mundo es una ilusión y la vida es un sueño”, y con frecuencia recuerda su pasado y a su familia. En clase, ella solo toma notas y es un misterio para el profesor y sus compañeros. También dedica muchas horas a pensar en su vida, sobre todo cuando su hijo, que ya vive con el padre, le anuncia que se va a Estados Unidos. ¿Por qué? “La verdad destruye la estupidez”, señala Kang, y quizá venga a su mente un ser abominable retorciéndose con estas certeras palabras. Es una novela que fluye hacia adentro y nos arrastra.

La vida de los personajes mantiene un extraño paralelismo que termina por generar sorpresas, “como pesadas capas de sombras”, o la expresión “te añoré con locura deseando que tú no fueras tú”. Lo sé, es una frase descarnada, lo mismo que la fotografía de una relación difícil. El abandono tiene solo un nombre, y usted lo sabe. La novela es breve. Como que la autora no requiere demasiadas páginas, demasiadas palabras, para desarrollar personajes viviendo una historia cuyo final no se encuentra sino hasta la última página. Desde luego, usted puede especular. Es un derecho de lector y sobre todo de lectora; solo sean prudentes, y que no se les queme el arroz ni pierdan el último autobús porque en la vida ninguna noche es corta. Pásenla bien, y ya conversaremos sobre esta novela.

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