David Toscana crea en esta novela, El ejército ciego, una épica lúdica donde la desgracia adquiere nombres diversos y la vida de 15 mil ciegos es un ejemplo de adaptación y resiliencia que facilita su reintegración a sus familias y a sus oficios. Desde luego, algunas actividades modifican su control de calidad, algo que importa más bien poco. Por ejemplo, Sondoc el lector, o Prémeld el tallador. El ejército ciego mereció el Premio Alfaguara de novela 2026. El jurado dice que, “el autor crea una fábula oscura y poderosa alejándose del relato histórico convencional.” Es una novela atmosférica donde el lector y la lectora experimentan un regreso a la juventud ante una aventura muy bien contada, donde queremos saber qué pasa con Kozaro el escriba, Zósimo sacaojos, el Apóstol espantapájaros o con Seráfim, el joven de ojos azules, que tuvieron una historia diferente. Queremos saber por qué “El hombre no es de donde nace… es de donde muere”.
David Toscana nació en Monterrey, Nuevo León. Lo consideramos el maestro del capítulo corto y es dueño de una imaginación que siempre toca tierra. Se le considera uno de los creadores de la Narrativa del Norte que hace 30 años mostró un segmento de la narrativa de México que cuenta el perfil cultural y lingüístico de una región. Salud maestro. En esta novela, Toscana da ejemplo de autorregulación en una ficción que podría alargar. Elige, entre 15 mil ciegos ciertos nombres y nos cuenta sus días y noches con sus familias. Consigue un efecto inesperado, porque a pesar de la narración de un hecho histórico y su crueldad extrema, no se siente pena por ninguno de los ciegos. Hay una cuidadosa elección de cada caso y la prestancia como se adaptan a sus nuevas condiciones. Me pregunto qué sentirá usted cuando conozca a Bromo, a Basilio Matabúlgaros, Gavril Radomir. Cuando sepa el caso del zar Samuel o del Numerista que cumplió un papel sobresaliente. De verdad me pregunto. ¿Cuál será su actitud cuando vea la denominación de los capítulos? No dudo que querrá brindar con David que en ese momento estará brindando con Sara.
Samuel envía un numeroso ejército a Constantinopla. Deben vencer al de Basilio. Pierden. Basilio ordena que les saquen los ojos, acción que convierte en espectáculo. Regresan caminando a su país, un trayecto donde cada personalidad aflora, incluyendo la del narrador que, en algún momento, percibirá el aroma de un guiso de lentejas quemadas que antes prefirió no probar. En Culiacán hay una especie de guerra, usted lo sabe, y casi todos los días somos estos ciegos de Toscana que no dejamos que nos gane la tristeza. Parte del juego del autor tiene que ver con la escritura y la presencia de un alfabeto que pocos conocen, que sólo Kozaro el escriba domina pero está ciego. Aún así, escribe. Se preguntarán qué pasa con los ojos. Ya verán. Creo que esto les gustará y una vez más querrán saber de David, de cómo ha logrado esa precisión rítmica y el manejo de los perfiles que generan la sensación de que a esta novela no le falta nada. Ni le sobra. Ustedes saben que una buena novela es un mecanismo de relojería y que cada pieza solamente tiene un lugar.
El Universal Responde
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Bueno David, esta novela te quedó con madre. Y usted lectora, lector, que desea un mundo sin ciegos y sin impertinentes, volverá a esa época en que leíamos novelas completas sin detenernos y lo que pasaba después eran momentos sin nombre. Abrazos, y si van a escuchar las vociferaciones de los políticos, primero escuchen su corazón.
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