La Biblioteca del Estudiante Universitario de la Coordinación de Humanidades (Universidad Nacional Autónoma de México) nos rindió en 2024 una antología de Arnaldo Córdova, La política de masas y la lucha por la democracia. Alberto Enríquez Perea realizó la selección y la presentación (la presentación es una auténtica introducción de sesenta páginas). El diseño de la portada corrió a cargo de Pablo Rulfo. Javier Garciadiego dirige la colección, que desde 2016 cuenta con un Consejo Editorial: Lourdes Franco (+), Georgina García Gutiérrez, Guillermo Hurtado (cuya interesantísima Biografía de la verdad compré en la Feria del Libro Filológico, donde también encontré la antología de Córdova), Antonio Lazcano, Manuel Perló y Fernando Serrano Migallón.
Según me entero en la introducción, Alberto es asimismo responsable de una antología de textos de uno de los mayores políticos e intelectuales mexicanos: Jesús Reyes Heroles a través de sus aforismos, sentencias y máximas (México: El Colegio de México, 2015).
El acucioso especialista en Alfonso Reyes cita una sentencia del impulsor de la reforma política de 1977: “La política es un arte preciso, pero muy difícil, es un arte que expone a que uno sea atacado sanguinariamente y sin consideraciones y que obliga a sobreponerse a los ataques y a las calumnias, y a saber que la generosidad es la característica de los fuertes” (presentación, p. xi).
Arte. Precisión. Dificultad. Ataques sanguinarios. Generosidad de los fuertes. Podríamos dedicarles horas a estas palabras de don Jesús, analizando el contexto en que surgieron. Pero pasemos a Arnaldo Córdova. La presentación incluye una semblanza de este historiador y pensador y me lleva a evocar las clases de Marta Mussi en el Colegio de Ciencias y Humanidades (Centro Universitario México) allá por 1973, 1974, justo cuando acababa de aparecer, de Arnaldo, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen (1973, por cierto, en Ediciones Era, cuando esta empresa nos marcaba rumbos en distintas disciplinas y direcciones). Gracias a Marta, estábamos leyendo libros fundamentales a los 16, 17 años.
Repasar hoy las páginas seleccionadas tiene un dejo inevitable de nostalgia: me acuerdo de aquel volumen de pasta dura, innovador o provocador desde el título; resulta que, después de todo, hubo un pensamiento alrededor de la gesta armada, y los antecedentes de filosofía del derecho y de filosofía política eran relevantes, y la palabra ideología era fresca, aunque ya sufriera cuestionamientos: significaba un conjunto de ideas articuladas, que aun así podían fosilizarse en simplificaciones.
La lectura de esta antología ofrece resonancias sobre el presente, gracias a la pluma enterada, lúcida y accesible del pensador y profesor nacido a inicios de 1937 y fallecido en 2014.
Leo en “Nocturno de la democracia mexicana”, de 1989: el Estado mexicano que surgió de la Revolución “es paradigmático por su extraordinaria base social, su institucionalidad y su capacidad para resolver o conjurar los conflictos sociales” (p. 377).
Otro aspecto decisivo para la estabilidad del régimen durante setenta años fue, lo recuerda Córdova, el tránsito del caudillismo (una persona) a las instituciones (muchas personas organizadas conforme a misiones y tareas específicas): “La guerra civil [la Revolución] creó un nuevo liderazgo, el del caudillo conductor de masas armadas, autoritario y carismático, acostumbrado a resolver los problemas por la vía de la violencia, demagogo y, en cuanto tal, sabedor de que en adelante la política no volvería a prescindir de las masas y que el nuevo poder solo se consolidaría con la adhesión de ellas” (p. 380).
En la “institucionalización del nuevo orden político, después de que cesó la lucha armada, el caudillismo duró poco, sobre todo porque los mismos caudillos se exterminaron entre sí y lo hicieron tan rápida y eficazmente que a fines de los años veinte ya no quedaba uno solo con vida” (p. 381).
Tendríamos entonces tres factores: control de masas, institucionalización tras el fin de los caudillismos y capacidad para resolver o conjurar problemas. El tránsito del caudillismo a la institucionalización fue corto, sí, y muy doloroso.
¿Se parece el México de los veinte del xx al México de los veinte del xxi? Las analogías son un buen ejercicio, que debe hacerse cuidadosamente. Córdova le dedica páginas muy positivas a Lázaro Cárdenas: revitalizó una Revolución que empezaba a anquilosarse. Hace un par de días, amigos que conocen bien el norte de Tamaulipas recordaban que Cárdenas dotó de canales de riego aquella región, y la región floreció y en los años setenta, ochenta, noventa llegó a llamarse el Granero de México. Hoy (añaden) grupos criminales controlan en parte agua, tierras y con ello también masas, esto es, población: personas muy concretas. Y la explotación de tierras se ha vuelto difícil, casi imposible, en determinados sitios.
Desde luego, este dato es mínimo comparado con una realidad tan compleja como la de México e incluso ya tan sólo la de Tamaulipas. Aun así, puede ser útil para que pensemos en el peligro que representaría para la soberanía del país el control de vidas, de territorios y de bienes básicos como el agua y la tierra por grupos criminales que, aunque de eventual origen autóctono, son empresas transnacionales y no sienten ningún respeto por el pasado, el presente y el futuro del país. He allí un gravísimo problema y peligro para nuestra soberanía.
Política de masas, institucionalización y capacidad para resolver problemas, nos dice el historiador Arnaldo Córdova, cuyas credenciales de izquierda son inobjetables. ¿Cómo vería que se materializan estos tres puntos absolutamente decisivos en el México de hoy?
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