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Jiutepec, Mor.— Bon Jovi, Draco, Zeus, Malvavisco y Ali son algunos de los cocodrilos que Andre Rocha cría, alimenta y ve crecer día a día en su hogar, pues desde los cinco años encontró en tortugas, iguanas y serpientes su verdadera vocación: difundir la educación ambiental y propagar el mensaje de que son especies que se deben conservar.
“No me gusta lo convencional, los crocodilianos se me asemejan más a un dinosaurio. Los dinosaurios me encantan, tener cocodrilos es como tener un dinosaurio en casa, y es lo que más me gusta. Además, la adrenalina que a veces me genera, los sonidos que hacen no los escuchas en cualquier lugar y tenerlos aquí es lo que más me gusta”, confiesa en entrevista con EL UNIVERSAL.
Los documentales sobre animales y las películas de dinosaurios lo inspiraron a crear La Casa de los Cocodrilos, un Predio o Instalación que Maneja Vida Silvestre (PIMVS), es decir, un espacio autorizado por la Semarnat para la reproducción controlada de flora y fauna en cautiverio.
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Hoy en día, Andre Rocha cuenta con 27 cocodrilos, caimanes y ocho pitones que abraza, acaricia y describe como animales de compañía.
“Son animales nacidos en cautiverio con toda su legal procedencia y tenemos el permiso de la Semarnat para trabajar con ellos de diferentes maneras. Antes era una idea, pero empezó a trabajarse bien en 2021. Yo les pongo los nombres, los distingo por sus coloraciones, por sus patrones, por sus tamaños. Aquí en la PIMVS tenemos siete especies de crocodilianos”, dice.
Actualmente existen 28 oficiales, explica cerca de Ali, una cocodrila de origen estadounidense.
Varias veces a la semana, Andre y su esposa Diana limpian los recintos y estanques, y alimentan a los cocodrilos con tilapias y pollos. Con cautela abren las vallas y se acercan poco a poco a ellos. Tras años de convivir con los reptiles, ambos cuidadores conocen bien sus personalidades: “Roco, por ejemplo, es de los más tranquilos, y Ali es muy nerviosa”, comentan.
“Los ejemplares juveniles, como la de allá viene midiendo 1.20 metros o 1.40, comen dos veces a la semana; los ejemplares grandes comen una vez a la semana y comen antes de las 2 de la tarde. Mientras más calientes, más activos y con más hambre, fríos no comen nada”, explica el experto.
A pesar de que pueden alcanzar los cinco metros y hasta los 100 kilos de peso, uno de los objetivos de Andre es reproducirlos y comercializarlos a diferentes zoológicos y PIMVS.

“Podemos mandarlos incluso por avión (...) Vuelan en sus cajas, con sus especificaciones y su legal procedencia. Además, los animales traen marcaje específico para que no haya ningún problema. Tenemos ejemplares nacidos aquí; hemos tenido dos generaciones, pero todas ya fueron reubicadas en diferentes instalaciones”, menciona.
Desde hace 15 años, Zeus acompaña a Andre: “Él fue el que comenzó todo. Zeus es la estrella aquí”. De la especie moreletii, actualmente es cruzado genéticamente para que sus crías puedan ser aún más claras. Cada hembra puede poner hasta 40 huevos, los cuales incuban de forma artificial para garantizar, con temperaturas adecuadas, el nacimiento de todos.
“No existen los cocodrilos blancos, ni en su medio natural ni en las granjas, pero por alguna rara situación en una granja mutó un ejemplar, que es el que tenemos ahí y nació blanco. Fui buscando alrededor de las granjas del país para encontrar hembras con tonalidades similares. Hemos intentado con otras y no se ha generado. Pero es la primera vez que tenemos hembras tan claritas”, subraya Andre, quien también comercializa estos ejemplares, pero que queden en buenos hogares.
Además de especies mexicanas como moreletii, acutus y caimanes de anteojos, en La Casa de los Cocodrilos también hay decenas de huevos incubándose, algunos separados, pero todos se esperan este año. Asimismo, hay ocho pitones de dos y hasta cuatro metros, algunos se han escapado de sus contenedores, pero esto no asusta a la pareja, de hecho, a menudo los cargan y posan con ellos.
“Encontramos que en algunos criaderos llegaban a nacer algunos cocodrilos con manchitas azules, con ciertas cosas, y es lo que queremos trabajar aquí. Esta tiene tonos muy azulados. Quiero generar en crianza selectiva cocodrilos más azules, que nazcan cada vez más y más hasta llegar a un azul absoluto”, señala Andre.
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