El triunfo del ultraderechista en las confirma el giro a la derecha de América del Sur. Pero más que un fenómeno ideológico, es resultado del enojo de los votantes con sus gobiernos.

Después de que quedara encaminada en Perú a consolidar un sexto gobierno de ese signo en la región —junto a los de Argentina, Chile, Ecuador, Paraguay y Bolivia—, Colombia suma un séptimo eslabón a ese bloque. La tendencia regional queda así casi cerrada, a la espera de Brasil, la única gran elección presidencial que resta en el calendario sudamericano.

“Sin duda, existe un movimiento regional hacia la derecha. Sin embargo, este fenómeno no parece estar impulsado por una conversión ideológica masiva de los votantes, sino por factores mucho más pragmáticos”, dijo a La Nación Eduardo Ruiz, analista de Control Risks. Desde su punto de vista, se trata al mismo tiempo de una reacción conservadora a regímenes más progresistas y de un hartazgo con décadas de gobiernos ineficientes.

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El analista se refiere a factores como “el deterioro de la seguridad, el bajo crecimiento económico, el aumento del costo de vida, la frustración con las élites políticas tradicionales” y, en particular, el peso para varios gobiernos de izquierda de años de gestiones poco exitosas para explicar cómo se han creado las condiciones favorables “para candidatos que prometen orden, autoridad, estabilidad y políticas económicas más orientadas al mercado”.

El triunfo electoral de Daniel Noboa en Ecuador, en 2023, extendió esta lógica en un país en el que la expansión del narcotráfico y una compleja situación económica pareció justificar su discurso de mano dura y mirada promercado.

El propio caso argentino repitió en gran medida esta dinámica cuando en 2022 un electorado cansado de promesas incumplidas, inestabilidad económica y aumento de la inseguridad optó por llevar a la Casa Rosada a Javier Milei, un outsider sin experiencia en la gestión pública.

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Lo mismo ocurrió en Bolivia, donde el presidente Rodrigo Paz destronó al Movimiento al Socialismo (MAS), partido del líder indígena Evo Morales y del expresidente izquierdista Luis Arce, después de que este gobernara la mejor parte de las últimas dos décadas.

El caso más reciente es el de Chile, donde el conservador José Antonio Kast derrotó a la candidata comunista Jeannette Jara en la segunda vuelta, poniendo fin a la vía de izquierda iniciada por el expresidente Gabriel Boric, tras el estallido social.

Una luna de miel cada vez más corta

Al igual que en Bolivia, no obstante la falta de resultados inmediatos y una “luna de miel” presidencial que resulta cada vez más corta ya implicaron desafíos para el gobierno de derecha, que se vio obligado entre otras cosas a reemplazar miembros clave de su gabinete, como la ministra de Seguridad.

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Perú es una muestra de por qué el giro a la derecha es ideológico. En este país han caído por igual gobiernos de derecha como de izquierda.

Nada asegura que esta ola de gobiernos logre mantener su posición en los próximos años.

“No me sorprendería que muchos de estos oficialismos de derecha pierdan elecciones subsiguientes. Es decir, por ahora, no han logrado consolidar una dominación estructural”, señaló a La Nación Juan Negri, director de la carrera de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.

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Las próximas elecciones en Brasil, en octubre de este año, podrían terminar de definir cómo se acomodarán las piezas en la región. “Brasil es la mayor economía y la mayor democracia de América Latina, por lo que un triunfo de la derecha tendría un enorme peso simbólico y político para toda la región”, explicó Ruiz.

A poco menos de cuatro meses de las elecciones, el escenario en Brasil parece poco definido, con un oficialismo histórico como el del presidente Luiz Inácio Lula da Silva intentando evitar los fantasmas de la gestión y una oposición que tampoco logra por ahora una clara ventaja, ni siquiera en la figura de Flávio Bolsonaro, que aglutina a los seguidores de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.

“El antilulismo es muy fuerte y se nota que la marca Bolsonaro paga. Sin embargo, en última instancia, tanto la coalición de centroizquierda como la de centroderecha todavía están a tiro”, apuntó Negri.

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