O dio hacer fila. No se trata de ningún trauma o que me haya sucedido algo mientras pasaba más de dos horas parada. Ese es mi récord de espera. Pero considero que entrar a un restaurante, después de un extenso periodo de tiempo, cambia la experiencia, especialmente si uno llega hambreado.
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Afortunadamente, para mí, este sitio no tiene una sola mesa ocupada. Dicen que es mal augurio, pero he aprendido a no juzgar lugares por su nivel de abarrotamiento, a menos que sean tacos. Ahí sí acérquese, y pida lo que haya.
Una espera que lo vale
Pero, regresando al lugar, los tres meseros a mi disposición me observan con curiosidad, pues acudí a comer sola. Sé que la carta de vinos fue seleccionada por una conocida sommelier, pero me ofrecen refrescarme con una cerveza y acepto (a pesar de solo tener marcas industriales). Mientras escucho el playlist que se contonea entre el reggae y el dancehall, leo el menú digital. Pocos platos, mucho antojo.
- “La pasta seduce, el queso estimula y el ragú, ya se imaginarán, es como Mariano di Vaio, pero mejor.”
Para no caer en inanición, el chef “me manda” (eso es con todos, no se sienta usted especial), un hummus con lentejas y un pan pita para acompañar. La pasta de garbanzo es bordeada por aceite de oliva y rociada con pimentón. Me ahorro la cuchara y rompo un pedazo de pita. Sencillo, pero sabroso, y más con un trago de cerveza bien fría. Mi indecisión me lleva a seguir las recomendaciones y continúo con una tostada de atún disfrazada del Tío Cosa, (favor de googlear Los Locos Adams).

Tostada de atún
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Un plato de piedra volcánica y piso de granos de maíz tatemados , resguardan la entrada. Y, ocultas en una montaña de poro frito y brotes de cilantro, se asoman las láminas de atún, cu- biertas con guacamole, mayonesa y salsa macha caseras. Sin miedo a hacer el ridículo, intento morderla, pero termino haciendo a un lado el poro. El resultado: un bocado monchoso. La cremosidad de la mayonesa, y la grasa y el picor de la salsa, se pelean por el protagonismo, hasta que llega la acidez del guacamole y el dulzor del maíz. El atún queda como co-host, pero aún así, la disfruté muchísimo.

Tarta de leche de cabra.
Cerrajería
Dirección: Orizaba 59, colonia Roma
Tel: 55 2230 1731
Horario: lun.-dom. 9-23 hrs.
Promedio: 650 pesos
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