Tlaxiaco, Oax.— Catalina y Alejandra son dos mujeres del pueblo Ñuu Savi que desde pequeñas aprendieron a sembrar y raspar los magueyes pulqueros, además de producir y comercializar el pulque.

“Este trabajo es el sustento para nuestras familias, toda la vida nos hemos dedicado a esto”, narran desde la comunidad de Ndostayi, en el municipio de Santa Cruz Nundaco.

En las comunidades originarias de Oaxaca son las mujeres las que se dedican de lleno al oficio de tlachiqueras. De acuerdo con la Academia Mexicana de la Lengua (AML), “tlachiquero o tlachiquera” es el nombre que se le da a la persona que extrae el aguamiel (del maguey), lo que le permite aportar parte de los ingresos para el sostén de la familia.

“Con la venta del pulque pude sacar adelante a mis hijos, con eso compraba lo que faltaba en la casa, hasta que ellos crecieron y también aprendieron el oficio”, dice Alejandra Barrios Ávila, quien quedó viuda. Su padre también falleció cuando era pequeña, así que ella ha sido la proveedora principal en su familia.

En las comunidades originarias del pueblo Ñuu Savi son pocos los oficios de los que se obtiene un ingreso económico, ya que la mayoría es para el autoconsumo, es decir, se trabaja para comer, o los trabajos son comunitarios, sin pago.

Sin embargo, para las mujeres, dedicarse a la extracción de aguamiel para convertirlo en pulque y comercializarlo es un oficio que ha sobrevivido durante décadas.

“Pues cuando mi esposo vivía, él se dedicaba a otras labores del campo [como] la milpa, la leña, ir a los tequios y otras actividades que se hacen en el pueblo. Y yo me encargaba de ir a raspar los magueyes, luego ir a vender el pulque”, platica Alejandra.

Tlachiquera, oficio milenario

Catalina Barrios Victoria, de 58 años, recuerda que sus abuelos y padres se dedicaban a sembrar magueyes para después tener suficientes y extraer el aguamiel, para preparar el pulque.

Catalina comenzó a ayudarle a su padre cuando apenas tenía siete años. “Mi papá me enseñó a sembrar magueyes, desde chiquita me amarraba un mecate para que yo pudiera jalar el maguey mientras que él sembraba, porque no aguantaba a cargar. Así empecé a sembrar con mis papás. Luego empecé a raspar para sacar el aguamiel, y después salí a vender pulque. Recuerdo que acompañaba a mi madre a vender en otras comunidades”.

Desde pequeña, Catalina aprendió a sembrar y raspar los magueyes pulqueros, además de producir y comercializar el pulque. Foto: Juana García
Desde pequeña, Catalina aprendió a sembrar y raspar los magueyes pulqueros, además de producir y comercializar el pulque. Foto: Juana García

Alejandra, vecina de doña Catalina, también aprendió desde muy pequeña las labores que implica ser tlachiquera y comerciante de pulque; después de que falleciera su padre, ella ayudó siempre a su madre.

“Ella raspaba puro maguey y de ahí salía para vender, cargamos pulque para San Isidro o Joya Grande. Mi mamá siempre iba por allá a vender, ella cargaba un galón de pulque y yo llevaba uno chiquito de aguamiel, así íbamos a vender para poder encontrar nuestros alimentos”.

Desde entonces y hasta la fecha, el oficio de tlachiqueras, así como el de comerciantes de pulque, ha sido primordial para sus familias, aunque recuerdan que de pequeñas el trueque era más común y casi todos los alimentos básicos se podía intercambiar por el pulque o aguamiel, ahora no todo se puede cambiar.

“Recuerdo que mi madre cambiaba su pulque por frijoles, ejotes, calabazas, todo eso nos cambiaban en los pueblos que íbamos a vender, ahora los costos han aumentado”, menciona.

El trabajo de tlachiquera implica puntualidad, cuidados y conocimientos sobre los magueyes y el proceso del pulque. Por ejemplo, en la época de calor son tres extracciones: la primera extracción del aguamiel lo hacen a las 6 de la mañana; luego, entre las 11:00 y 12:00 horas, y la última, a las 18:00 de la tarde.

Conforme cambia el clima, también los cuidados al maguey, al aguamiel y al pulque es distinto, señalan las mujeres. “En tiempo de frío son sólo dos veces: uno en la mañana y uno en la tarde. Y cuando llueve, a veces se pierde la producción porque le entra agua al aguamiel, o cuando no se recoge a tiempo, toma otro sabor y olor, cambian muchas veces se echan a perder”, explican.

Conservación del maguey

El trabajo de las mujeres tlachiqueras no sólo es importante para la economía de las familias, sino que también son quienes cuidan y conservan el maguey o agave pulquero, el cual es escaso y sólo se encuentra en ciertos climas o vegetación.

De acuerdo con una ficha técnica de agaves de Oaxaca, de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), el “maguey de pulque”, “maguey sierrudo” en Oaxaca se distribuye a partir de mil 500 a 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar, y se puede localizar en distintos pueblos de la región de la Sierra Mixe; en valles como en Ejutla, Tlacolula, y en la región Mixteca como en Miahuatlán, Nochixtlán, Tlaxiaco y Zimatlán.

“Es cultivada para la producción de pulque y como ornamental. Es una especie conservada y protegida por su importancia económica y se propaga sembrando los hijuelos a la orilla de los terrenos, huertas y en las cercanías de las casas”, indica la ficha.

Hace casi 10 años que una plaga apareció en los magueyes de los productores de pulque, afectando una gran parte de los cultivos, situación que incluso acabó con el oficio de tlachiquero o tlachiquera en otras comunidades, pero en Ndostayi, las familias tuvieron que buscar cómo eliminar la plaga para no perder su trabajo.

“Hay partes en las que se acabó el maguey, pero en nuestra comunidad no. Pudimos controlar la plaga, aunque aún está presente, ya sabemos cómo tratarlo”, indican. Y es que, en un recorrido entre los magueyes, algunos agaves pequeños estaban cubiertos de ceniza.

Detallan que además de usar la ceniza, también podan la planta de agave hasta sacar los bichos, y cuando los magueyes están muy enfermos, incluso queman toda la planta. “Si vemos que es mucho, pues mejor cortamos todas las pencas e incluso tumbamos todo y lo quemamos para que no se propague esa plaga”, dice Alejandra.

En este pueblo Ñuu Savi, las familias siembran el maguey “blanco” porque tarda menos en crecer, entre ocho a 10 años para poder producir aguamiel. “Hay otra variedad, una verde con pencas largas, pero tarda mucho en crecer, entre 12 a 15 años, aunque el verde su periodo de producción de aguamiel es más largo, puede durar hasta un año”, precisan las tlachiqueras.

El precio de la jícara o vaso de pulque en puntos de venta en los pueblos de la región Mixteca de Oaxaca es de unos 25 pesos, pero en los lugares de reventa, este puede incrementar hasta 10 pesos o más.

Por último, las productoras de pulque invitan a consumir esta bebida en lugar de otras, “aparte de que ayudan a nuestra economía, (...) es natural y curativo”, agregan.

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