La pretemporada para hacer una en México parece sencilla: actores que sepan pegarle al balón, alianzas con equipos profesionales para usar estadios y, a veces, cronómetro en mano, porque sólo habrá 15 minutos para rodar una escena.

¿Suena fácil? Sí. Pero entonces, ¿por qué en las últimas cinco décadas apenas se han producido media docena de y series en un país que presume al futbol como deporte número uno?

La cinta más exitosa ha sido El Chanfle, de Roberto Gómez Bolaños, que llevó a 11 millones de espectadores a salas en 1979. Le sigue Rudo y Cursi, con Gael García Bernal y Diego Luna, con 2 millones; el resto quedó por debajo de los 200 mil asistentes.

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Carlos Cuarón, director de Rudo y Cursi, filme producido por Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón, tiene claro el panorama: una película de futbol no puede quedarse sólo en el partido.

“A quien le gusta el futbol le gusta verlo en el estadio; quien va al cine no siempre busca futbol, y quien disfruta ambos quiere una historia, no un partido filmado. Lo que hacen Messi o Ronaldo ya lo vio en televisión; entonces, la película tiene que ir más allá de la belleza del deporte”, considera Cuarón.

Su filme tenía como eje una relación fraternal y a un representante abusivo dentro de la corrupción del futbol. Las pocas jugadas en pantalla se apoyaron en la habilidad de los actores con el balón, pero sobre todo, en la edición.

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El Chanfle tampoco muestra muchas jugadas, pero usó el Estadio Azteca y al América, una fórmula que también siguió Gol, protagonizada por Kuno Becker y apoyada por el Newcastle United.

“En las películas de futbol hay menos futbol de lo que se cree. Suelen partir de lugares comunes, como el personaje humilde que triunfa; pero hay que buscar más para que la historia no se quede sólo en eso y funcione”, abunda.

Jugada de 10

Y no es necesario que al creador le guste el futbol. Tal es el caso de Gary Alazraki, director de Club de Cuervos, de Netflix, serie que sumó cuatro temporadas y dos largometrajes. Eso sí: preparó durante semanas una historia que podía reescribir el mismo día.

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“Lo primero es diseñar la intensidad del partido. Si tienes un estadio lleno, mientras más intensidad haya, más detalles de rostros necesitas”, apunta.

Otro recurso es mezclar actores que sepan con futbolistas. “Si se fijan, son los mismos jugadores en la serie; sólo les cambiábamos la playera”, revela divertido.

Ambos recurrieron a estadios profesionales: Club de Cuervos usó el de Pachuca y Rudo y cursi, el de Toluca.

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También hubo que resolver con imaginación, como una escena de Club de Cuervos que exigía mover la cámara desde el centro de la cancha y a la tribuna.

“Sin una grúa, para no dañar el sistema de riego, operar la cámara de otra manera”, cuenta Isi Sarfati, director de fotografía.

El tiempo tampoco sobraba: para aprovechar al público de un partido profesional, la producción rodó durante el medio tiempo y tuvo menos de 15 minutos.

“Lo mejor es inventar todo para la historia: los equipos, los uniformes, todo, porque te deja crear muchas cosas”, anota Cuarón.

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