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Xcaret.- De curaciones, de la falta que hace el silencio para escuchar al corazón, de dolores que se deben volver polvo “para que vengan nuevas flores” y de la música que bien alegra las almas, así fue el ambiente del concierto “De todas las flores”, que ofreció Natalia Lafourcade en el Parque Xcaret este miércoles, en el marco de la 17 edición del Festival de las Tradiciones de Vida y Muerte de Xcaret.
Natalia comenzó en el Teatro Gran Tlachco de Parque Xcaret una serie de conciertos con su producción, “De todas las flores”, que la llevará la próxima semana al Auditorio Nacional y posteriormente a otras ciudades del país. Este jueves, en Xcaret ofrecerá un segundo concierto.
La noche de ayer Natalia entregó un concierto de aproximadamente 15 canciones, llena de alegría aun con las ausencias de seres que han partido -y en quienes este disco tuvo su origen- o de otras ausencias como la de Ramón, el gatito que la acompañó 15 años y que acaba de fallecer.
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Natalia entregó un concierto dividido en dos partes, la primera concentrada en varias canciones de su más reciente disco y la segunda como homenaje a artistas que la han marcado, pero también a sus raíces en Veracruz.
La intérprete y compositora entró ataviada con una extensa falda negra que se derramó por el escenario, que arrastró, cargó y con la que cantó temas como “Vine solita”, “Llévame viento”, “De todas las flores” “Pajarito colibrí” y “María la Curandera”, una canción que introdujo proponiendo un viaje a “la casita de Mamá Sabina”, una canción que recoge el momento de fe en curarse a sí misma que hoy transmite Natalia Lafourcade.

Ahí fue cuando el respetable le regresó ese “Te amamos, Natalia”, y se contagió mayor alegría. Natalia comenzó a subir en baile y música, se creció, la falda le sobró, estaba de más, ante “el vaivén del mar”. En un gesto que se volvió arte acción, se desprendió de esa falda oscura y pesada, la hizo un ovillo; ella misma se volvió ligera, se transformó.
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La cantante volvió a una segunda parte del concierto con más música e improvisación, más percusiones y menos ukelele; apareció vestida de rojo y se tomó el tiempo para cantar canciones de sus anteriores discos, para cantar a Juan Gabriel en “Ya no vivo por vivir”, para volver al viejo bolero “Cien años”, para con sus músicos transmitir música y amor por Veracruz, para bailar, entregarse, transformarse, curarse.
Natalia Lafourcade nos deja el vaivén de su música, de su energía de sus gestos curadores porque ”a la vida venimos a ser felices”.
El Festival de las Tradiciones de Vida y Muerte de Xcaret continuará hasta el viernes 3 de noviembre en Parque Xcaret, en Quintana Roo.
melc
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