En un tiempo muy muy lejano de 2010, cuando se estrenó la más reciente película de Shrek y con la quinta programada para llegar a los cines en 2027, el ogro enfrenta un reto mayor que despertar la nostalgia del público: volver a romper las reglas que cambiaron el cine de animación hace 25 años.

Para el crítico de cine Silvestre López Portillo, esa es la única forma de que el ogro verde recupere el impacto que tuvo la primera entrega.

“Shrek funcionó porque rompió todo. La única forma de que vuelva a funcionar es que vuelva a romper el molde. Tiene que volver a ser políticamente incorrecta, sorprender y desafiar las tendencias actuales del cine, tal como lo hizo hace 25 años”, explicó a EL UNIVERSAL.

Estrenada en 2001 por DreamWorks Animation, la película dirigida por Andrew Adamson y Vicky Jenson no solo conquistó la taquilla y obtuvo el primer Oscar a Mejor Película Animada, también transformó la manera en que Hollywood entendía los cuentos de hadas, los protagonistas y el humor dirigido a toda la familia.

Hace 25 años, un ogro malhumorado llegó para burlarse de los cuentos de hadas, cuestionar la figura del príncipe perfecto y demostrar que el héroe no tenía que ser atractivo ni la princesa terminar convertida en humana. Para López Portillo, ese fue el verdadero legado de la cinta: cambiar las normas que durante décadas habían definido el cine animado y desacralizar historias que durante generaciones habían sido presentadas como ideales.

“Se burla del príncipe perfecto, de la princesa pasiva que espera ser rescatada, del amor a primera vista, de la belleza como recompensa moral, del reino limpio, ordenado y artificial y de la idea de que todos deben vivir felices para siempre. Le dio la vuelta a todos esos conceptos y desde ahí ya era una película contracultural”.

Aunque no fue la primera en parodiar los cuentos clásicos, el especialista considera que sí fue la primera superproducción familiar en hacer de esa irreverencia su principal atractivo, algo que terminaría marcando el rumbo de la animación comercial en los años siguientes.

Además, para López Portillo, otro de los mayores aciertos de la película fue convertir al monstruo en protagonista y replantear la idea de belleza a través de Fiona.

"Shrek no es un héroe disfrazado de ogro. Es malhumorado, antisocial, desagradable y está acostumbrado al rechazo. La película nunca intenta volverlo guapo para que merezca ser amado. Lo verdaderamente subversivo está en Fiona. El beso del amor verdadero no la convierte en humana para siempre, sino que se queda como ogra. La película demuestra que no tienes que ajustarte a lo que los demás consideran bello para ser amado".

Una película para niños... y para adultos

Además de modificar la estructura de los cuentos de hadas, Shrek cambió la forma en que las películas animadas hablaban a su audiencia.

"La animación familiar estaba muy acostumbrada a separar el mundo infantil del adulto. Shrek propone una comedia de doble humor: hay humor físico para los niños, pero también insinuaciones y sarcasmos para los adultos".

El crítico recuerda que tanto Mike Myers como Eddie Murphy aportaron su experiencia como comediantes a la versión original, mientras que en Latinoamérica Eugenio Derbez imprimió un estilo propio al personaje de Burro.

"Después de Shrek comenzaron a repetirse muchas de esas fórmulas: las referencias culturales, las canciones populares, las celebridades prestando sus voces y las bromas dirigidas también a los papás. Antes de eso nadie pensaba en ese tipo de animación".

Para López Portillo, ese es el legado que mantiene vigente a la película un cuarto de siglo después de su estreno. Más allá de su éxito comercial, Shrek redefinió la animación familiar y abrió la puerta a un tipo de humor y de protagonistas que hoy resultan habituales, pero que en 2001 rompieron con todo lo establecido.

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