
Era 2013 cuando del ejército de K-pop se graduaban siete jóvenes juntos armados con 14 canciones en busca de su primera conquista: las Army de Corea del Sur. Su nombre: BTS.
“2 Cool 4 Skool” fue su primer arma que, junto con otros dos sencillos, lograron poco. El éxito aún estaba lejos.
Ocho meses después, el escuadrón conformado por Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook salía de Asia con su arsenal con miras en América.
Con su primer ataque entraban a la lista de Billboard y para 2017 eran los primeros de su nación en recibir una certificación de la Recording Industry Association of America (RIAA), con su sencillo “MIC Drop”.
En 2018 igualaban a The Beatles al tener cuatro discos número uno en Estados Unidos en menos de dos años.
Tras un entrenamiento de élite, BTS comenzaba a dominar otros campos, como videojuegos Fortnite con bailes y gestos, y pisaba el terreno del activismo al participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como con la UNICEF, con la que sus integrantes crearon una campaña contra la violencia llamada “Love my self”.
Tras recoger varias medallas, su país los requería en 2023 para cumplir con el servicio militar obligatorio. Los chicos se ausentaban casi dos años.
Este 2026, los cantantes regresaban a los escenarios, a sabiendas de que sus Armys los esperaban ansiosas en todo el mundo.
Orgullosos y con altos honores, a principios de año daban la gran noticia: un nuevo disco, Arirang, y un gira los haría reencontrarse con la música.
Esta semana llegan con su arsenal a detonar toda su energía durante tres noches en el Estado GNP los 7, 9 y 10 de mayo, tras una polémica venta de boletos que se agotó en minutos.
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