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Las recientes protestas contra el racismo en distintas partes del mundo han obligado al Comité Olímpico Internacional (COI) a replantearse sus estatutos sobre la aceptación de manifestaciones de los atletas.
Históricamente, los deportistas han sido víctimas de un sistema que los invita a guardar silencio a cambio del respeto a sus derechos. Sin embargo, ni siquiera el silencio ha sido suficiente para esquivar sanciones por parte del COI o de sus propios Comités Nacionales, que se han atrevido a ejercer bloqueos.
El caso más recordado se dio en México 1968, cuando los atletas afroamericanos John Carlos y Tommie Smith culminaron —involuntariamente— sus trayectorias olímpicas, tras subir al podio y escuchar el himno de su país con un puño arriba envuelto en un guante negro y la mirada abajo, en señal de desacuerdo con la segregación.
En los Juegos Panamericanos de Lima 2019, el esgrimista Race Imboden y la atleta Gwendolyn Berry recibieron una advertencia de las autoridades del deporte estadounidense, al hincarse igual que el exquarterback Colin Kaepernick.
Un año después, el contexto histórico es otro y en el COI lo comienzan a entender.
“La junta directiva del COI apoya la iniciativa de la comisión de atletas, de explorar diferentes formas para que los deportistas olímpicos puedan expresar su apoyo a los principios consagrados en la Carta Olímpica, incluso durante los Juegos Olímpicos”, dijo Thomas Bach, presidente del COI.
A pesar de que la postura se ha relajado, el discurso del mandamás del COI aún marca la existencia de un límite que, a poco más de un año de Tokio 2020, no está definido.
“Le debemos respeto al espíritu olímpico; esto significa que debemos diferenciar entre apoyar los valores contenidos en la Carta y las potenciales demostraciones divisorias”, finalizó.
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