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Domingo 22 de junio de 1970. En la cancha los dos mejores equipos del mundo: la siempre contundente y eficaz Italia y el juego bello y legendario de Brasil.
Sería una batalla de poder a porer, o por lo menos así se esperaba. El silbante Rudi Glöckne de Alemania dio el silbatazo inicial y el carnaval inició....
Minuto 18, Pelé con un bran cabezazo abre el marcador.
El juego parecía tan fácil, tan fácil que Clodoaldo intentó un pase de taquito, que Roberto Boninsegna quien aprovechó para quitarle el balón, sacó ventaja de la pésima salida del arquero Félix y empató al 37’.
El primer tiempo acabó empatado, y parecía que había partido.
Pero no, Brasil saltó a la cancha a finiquitar la obra. Jerson ,al 66’, marcó el segundo con un disparo de fuera del área; Jairzinho, al 71’ —a pase de Pelé— puso el 3-1.
Y vino el mejor gol de la tarde, un dechado de juego de conjunto, epitafio perfecto del juego brasileño. Clodoaldo inició la jugada desde la propia cancha brasileña, se quitó a cuatro italianos y abrió la pelota a Gerson, quien prolongó a Jairzinho, que de la izquierda se fue al centro, donde pasó a Pelé , quien en tres segundos dio una lección de pausa y profundidad, vio como venía Carlos Alberto por la derecha
y le pasó el balón justo para que marcara el 4-1, el gol del presidente.
Así, Brasil se coronó, y se llevó la Jules Rimet permanentemente, hace ya 50 años.
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