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La semana pasada se confirmó que el americanista Carlos Darwin Quintero aborrece a los medios de comunicación.
El delantero colombiano no sólo le ha tirado balonazos a reporteros, sino que ha tenido comportamientos con camarógrafos y fotógrafos que son poco dignos para un futbolista profesional.
Quintero, poco a poco, se ha hartado de las críticas en su contra, luego de haber anotado sólo dos goles en el año futbolístico y desquita su frustración con quienes piensa que lo atacan.
Su pobre rendimiento ha desembocado en que el técnico Miguel Herrera ni siquiera lo haya llevado a la banca en el encuentro contra el Atlas.
En Coapa, aún tienen tres días para deshacerse de él.
Los Lobos BUAP merecen un castigo
En el estadio de los Lobos BUAP tendrán que bajarle a su escándalo y ponerse a estudiar el “honorable” Reglamento de Competencia de la Liga MX.
Resulta que el sábado, en el empate con Pumas (1-1), el sonido local del estadio Universitario de la BUAP lo violó constantemente con porras y su tradicional —pero excesivo— aullido durante los primeros 25 minutos del cotejo, mientras el balón estaba en disputa.
La intención de quienes operaban el audio era opacar el eco de la hinchada felina, pero con un resultado de pena ajena, porque no sólo se habría infringido una regla, sino que terminaron por hartar a su propia afición por la insistente voz del animador. ¿Habrá castigo?
El delantero colombiano no sólo le ha tirado balonazos a reporteros, sino que ha tenido comportamientos con camarógrafos y fotógrafos que son poco dignos para un futbolista profesional.
Quintero, poco a poco, se ha hartado de las críticas en su contra, luego de haber anotado sólo dos goles en el año futbolístico y desquita su frustración con quienes piensa que lo atacan.
Su pobre rendimiento ha desembocado en que el técnico Miguel Herrera ni siquiera lo haya llevado a la banca en el encuentro contra el Atlas.
En Coapa, aún tienen tres días para deshacerse de él.
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En el estadio de los Lobos BUAP tendrán que bajarle a su escándalo y ponerse a estudiar el “honorable” Reglamento de Competencia de la Liga MX.
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La intención de quienes operaban el audio era opacar el eco de la hinchada felina, pero con un resultado de pena ajena, porque no sólo se habría infringido una regla, sino que terminaron por hartar a su propia afición por la insistente voz del animador. ¿Habrá castigo?
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