El daño, lamentablemente, está hecho y no tardarán en aprovecharlo los licenciados y doctores para quienes, como ordena su Pontifex Maximus, examinar y evaluar es una “mentira”

Isaac Levín y María Luisa Puga escogieron la distancia de la capital para vivir entre libros, para escribir, para disfrutar sus bibliotecas, para que el ruido del mundo estuviera bajo control.