
Me contaba que su padre en su juventud fue un aven-turero que trabajó de lava-platos y office-boy en Nueva York, que se fue en un barco

Me contaba que su padre en su juventud fue un aven-turero que trabajó de lava-platos y office-boy en Nueva York, que se fue en un barco

Se sabía que mi suegro era un hombre de carácter fuerte, decidido y de principios, capaz de meter a la cárcel a su propio hermano

Contaban con foros, cámaras cinematográficas de última generación, equipos de iluminación, laboratorio para el revelado, salas de grabación para la música...

Los asistentes al salón de música del maestro Raúl Lavista llegábamos al éxtasis de los sentidos inmersos en esa gran música que se oía a todo volumen como si estuviera uno dentro de la orquesta misma

A 15 años de la muerte del escritor, su viuda, la fotógrafa Paulina Lavista, habla de los objetos imaginarios que él trazó y que Javier García-Galiano reúne en un libro, de ediciones que quiere publicar y del archivo del autor de Farabeuf

Su conversación era muy ágil y culta, hablaba muy rápido con un gran sentido del humor que contagiaba a sus amigos con los que reía a carcajadas

Se oía mucho la estación donde daban la hora y, entre minuto y minuto, recuerdo la verborrea de los anuncios…

Sus nombres eran Rita, Florie, Mina y Rose. Se vestían con moños, rizos y vestidos vaporosos; eran, según mi papá, “deliciosamente cursis...”
El 6 de agosto de 1948, a la edad de 34 años, el maestro Raúl Lavista se presta a dirigir a la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes