Milpa Alta parece un pueblo de montaña y allí se produce el 90% del mole que se consume en Ciudad de México. Allí, parte de sus habitantes, se esfuerza por mantener vivo el náhuatl, la antigua lengua de los aztecas.

La CDMX gastó 13 millones de pesos en un biodigestor que produce luz con desechos de nopal, pero, tras un año, aún no funciona al 100%