En lo personal, me seduce incomodar, molestar, picar la cresta; se trata de una gimnasia de conocimiento: llevar hasta sus últimos límites el temperamento, la paciencia o la tolerancia de alguien

Aprendí a someter el desasosiego transformándolo en parte esencial de mi vida cotidiana: podía vivir bajo el asedio de su presencia y lo consideré un torrente sanguíneo del que sería imposible escapar