






La violencia feminicida no es un tema “de mujeres”. Es un país entero que sangra. Es una vergüenza nacional. Y es hora de que lo enfrentemos como tal.



México no es Colombia, pero las similitudes son alarmantes: un crimen organizado que actúa con impunidad, una sociedad atemorizada y unas instituciones que luchan por mantenerse a flote. Este paralelismo no debe ser ignorado: es una advertencia.




