Es probable que un niño que fue feliz en el Acapulco de los años setenta jamás tendría que pensar en la muerte o hacerse a un lado

Uno observa su ombligo incluso cuando realiza acciones de cualquier índole o lanza a cierto público importantes y ridículas expresiones que intentan construir sentido

“Quien nos ofrece una noticia bastante relevante acerca de personajes como Trump, es la enorme masa que se inclinó a respaldarlo y que (...) apoyó sus acciones extremistas”

¿No administramos la muerte todos los días? ¿He ofendido a alguien debido a mis excesos? Claro que no: ¡El exceso soy yo! Y quien no tenga en cuenta algo tan elemental está perdido