Avasallada la humanidad por políticos corruptos e ineptos, por noticias falsas, por informaciones falaces y por periódicos arrodillados ante sus dueños, han sumido al binomio ética y libertad en un barranco profundo.

Cuando un galeno nota “peligro” en posibles acciones de su paciente, tiene la obligación de romper la confidencialidad y avisar a las autoridades. Guardar o no el secreto profesional, ése es el dilema.