En México, el dinero ha trascendido su función básica como medio de intercambio para convertirse en un instrumento de empoderamiento y autonomía, especialmente para las mujeres. En un contexto donde históricamente han enfrentado barreras económicas, sociales y culturales, el acceso a la educación financiera, el emprendimiento y la participación activa en el sistema financiero están redefiniendo no solo sus vidas, sino también la economía del país. El periodo 2024-2025 se presenta como una ventana de oportunidad para consolidar estos avances y cerrar las brechas que aún persisten.

El dinero, en esencia, es una herramienta que permite tomar decisiones. Para las mujeres, tener control sobre sus finanzas significa acceder a oportunidades que antes parecían inalcanzables: desde invertir en educación hasta salir de ciclos de dependencia económica o violencia. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 60% de los hogares en México tienen a una mujer como jefa de familia, lo que subraya la importancia de su autonomía financiera no solo para su bienestar individual, sino para el de sus familias y comunidades.

Sin embargo, el acceso al sistema financiero formal sigue siendo un desafío. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), solo el 36% de las mujeres en México tiene acceso a productos financieros básicos, como cuentas de ahorro o créditos. Esta brecha limita su capacidad para ahorrar, invertir o emprender, perpetuando ciclos de desigualdad.

El emprendimiento se ha convertido en una de las principales vías para que las mujeres alcancen la independencia económica. En México, el 44% de las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) son lideradas por mujeres, según el INEGI. Este dato refleja un crecimiento significativo en la última década, pero también evidencia los obstáculos que aún enfrentan, como el acceso limitado a capital y la falta de capacitación en gestión financiera.

Para muchas mujeres, emprender no es solo una opción, sino una necesidad. Crear un negocio propio les permite generar ingresos, tomar decisiones y, sobre todo, romper con los ciclos de dependencia económica que históricamente las han limitado. Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. Las mujeres suelen enfrentar mayores dificultades para acceder a créditos y financiamiento, en parte debido a prejuicios de género y a la falta de garantías.

El sistema financiero en México ha comenzado a reconocer el potencial de las mujeres como agentes de cambio económico. En los últimos años, instituciones bancarias y fintech han lanzado productos diseñados específicamente para mujeres, como créditos con tasas preferenciales o programas de capacitación en educación financiera. Estas iniciativas son un paso importante, pero aún insuficientes.

Uno de los mayores retos es la inclusión de mujeres en zonas rurales o marginadas, donde el acceso a servicios financieros tradicionales es limitado. Aquí, la digitalización del sistema financiero representa una oportunidad única. Las fintech, con su enfoque innovador y su capacidad para llegar a poblaciones subatendidas, pueden ser aliadas clave para cerrar esta brecha.

Además, es fundamental que las políticas públicas fomenten la inclusión financiera de las mujeres. Programas que combinen acceso a crédito con capacitación en gestión empresarial y educación financiera pueden marcar la diferencia. Según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el 70% de las mujeres que logran acceder a servicios financieros formales reportan una mejora significativa en su calidad de vida, lo que subraya la importancia de estas iniciativas.

Más allá de su función económica, el dinero es un catalizador de cambio social. Cuando las mujeres tienen control sobre sus finanzas, no solo transforman sus propias vidas, sino que también impactan positivamente en sus familias y comunidades. Estudios del IMCO muestran que las mujeres tienden a invertir una mayor proporción de sus ingresos en educación, salud y bienestar familiar, lo que tiene un efecto multiplicador en la economía.

En el contexto mexicano, donde la desigualdad de género aún persiste, el acceso al dinero y al sistema financiero se convierte en un tema de justicia social. No se trata solo de igualar números, sino de garantizar que las mujeres tengan las herramientas necesarias para tomar decisiones libres e informadas sobre su futuro.

El dinero, en manos de las mujeres, es mucho más que un recurso económico: es una herramienta de libertad, autonomía y transformación social. En México, las mujeres están demostrando que, con acceso a oportunidades y recursos, pueden cambiar las reglas del juego financiero y liderar un cambio profundo en la economía del país.

El camino hacia la igualdad financiera no es fácil, pero es necesario. En los próximos años, el reto será construir un sistema financiero que no solo incluya a las mujeres, sino que también las impulse a ser protagonistas de su propio destino. El dinero, en este sentido, no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un futuro más justo y equitativo para todas y todos.

Presidenta del Consejo Consultivo de AMMJE CDMX, CEO de Local Trendy, CEO & FOUNDER de Unlocked AI

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