Coincido con la presidenta Claudia Sheinbaum: es tiempo de definiciones, y ella, su gobierno y su partido, incluido el expresidente López Obrador, ya se definieron. Determinaron defender a sus compañeros vinculados con el crimen organizado. No pensaron, ni por equivocación, tomar distancia de ellos. No son ambiguos, van con todo, no aplicaron el “washa washa”, como diría la mandataria cuando se refiere a medias tintas.

Las investigaciones que le siguen en Estados Unidos al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, nueve de sus funcionarios y ahora, de acuerdo con Los Angeles Times, a los mandatarios estatales de Tamaulipas y Sonora, Américo Villarreal y Alfonso Durazo, respectivamente, no son suficientes para que en México sean sospechosos. Dos de ellos siguen en sus cargos con absoluta impunidad.

Siguiendo la fiebre futbolera que se profundizará esta semana con el inicio del Mundial, la presidenta Sheinbaum ya decidió quiénes conforman su alineación. No importa si sus jugadores se caracterizan por prácticas antideportivas. La jefa del Ejecutivo se convirtió en directora técnica dogmática, la que se aferra a sus ideas tácticas a pesar de las evidencias. Jugará a la defensiva porque tratará de minimizar los daños.

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El árbitro, la Fiscalía General de la República, es tendencioso porque juega con el local. Mientras que la afición, algunos morenistas, comienzan la rechifla porque no les gusta la alineación ni las decisiones del consejo directivo, cuyo presidente es López Obrador. La afición no está de acuerdo en que se alinee a criminales.

Viene el torneo mundialista y para la presidenta Sheinbaum puede ser un respiro para enfocarse en otros temas ajenos a los de su partido, inmerso en actos con el crimen organizado. No hay mañanera del pueblo en que no sea cuestionada sobre los gobernadores señalados en Estados Unidos. Tampoco hay discurso nacionalista y protector de la soberanía que alcance para defender lo indefendible.

No bastó con la salida del expresidente López Obrador para apagar el fuego. Fue tal el rechazo de su reaparición que la mandataria salió al quite, diciendo que se dejó venir una campaña “tremenda” en su contra.

En el oficialismo prevalece la terquedad. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los mexicanos estamos cansados de pretextos para no llevar ante la justicia a los amigos, compadres o correligionarios de las autoridades. Eso de lo que tanto se quejaron los morenistas.

No hay narrativa proteccionista ni ruido en los estadios que dure para siempre. Parece que la estrategia ya está definida, pero jugar a la defensiva para proteger a los suyos no evitará un gol en contra. Como dirían por ahí, el partido más reñido de este Mundial será entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente Donald Trump por las solicitudes de extradición de morenistas.

Comentario final

Siguiendo con los términos futboleros, otro integrante de la alineación que cometió tremenda falta, pero no lo expulsaron, es al tabasqueño, íntimo amigo de López Obrador y ligado con “La Barredora”. Semana treinta y seis: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

Ciudadana

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