El macabro hallazgo en el rancho Izaguirre desnuda la degradación absoluta del Estado Mexicano. Al igual que en Cracovia con Auschwitz, los lugareños sabían lo que ocurría, las autoridades locales no podían desconocerlo tampoco los servicios de inteligencia estatales y federales. ¿Nadie oyó las sepulcrales lamentaciones? ¿No se percibieron inusuales movimientos?  ¿Qué con el nauseabundo aroma a carne calcinada? Los monstruos autores de esta barbarie son los que algunos idolatran en narcocorridos, series y filmes, pero en realidad son desalmadas bestias desprovistas de humanidad.

Incontables jóvenes golpeados, sometidos a torturas y aniquilados en depravadas sesiones de sadismo en las que, por mero placer, los forzaban a luchar en combates a muerte. Muchos descuartizados y en el "mejor" de los casos incinerados. Esta crueldad es la reproducción moderna de los circos romanos o los campos de exterminio nazi, los narcotraficantes se han convertido en feroces atormentadores que superan a los más despiadados verdugos de la historia.

Paremos los autoengaños, es el fruto de la desigualdad social que carcome nuestras entrañas. ¿Acaso se ignoraría si los masacrados fueran hijos de familias poderosas, con apellidos influyentes o provenientes de la clase media alta? Claro, se habrían activado recursos hasta dar con cada responsable. En cambio, los pobres, los olvidados, esos simplemente se pierden en el abandono, como lo prueba la escena desgarradora de sus pertenencias apiladas como basura. Para colmo, la "investigación" fue un simulacro, la finca ni siquiera permanecía vigilada, confirmando que se condujeron sin escrúpulos y categórica incompetencia. ¿Quién les reclama justicia si los sacrificados no "valen nada" para ellos?

Todos compartimos la culpa. La burla por la vida ajena, la apatía ante el sufrimiento y la pasividad frente al salvajismo nos exhibe como una sociedad insensible y descompuesta. La justificación de la fiscalía es insultante: “El terreno era muy grande”. ¿Ahora resulta que resolver un proceso depende del tamaño del predio?

No hay duda: hubo complicidades, innegablemente el alcalde y ¿el exgobernador Alfaro? en su frivolidad de ser entrenador de las Chivas. ¿Dónde estaban los habitantes de Teuchitlán? No es cuestión de heroísmo, sola una denuncia anónima, era suficiente, pero no, prefirieron la cobarde ruta del "no es mi problema". Esta actitud, combinada con la negligencia del gobierno da testimonio de su renuncia por garantizar la seguridad y el bienestar de su pueblo. Aún peor, mientras esta nación se convierte en un cementerio manejado por sanguinarios, los políticos se distraen en ligerezas. Les da lo mismo que el país esté gobernado por carniceros cobijados por la omisión criminal de los que supuestamente nos protegen.

Es el saldo de décadas de huida, de rendición ante los malhechores que gozan de la inmunidad que da el dinero. Confían en la amnesia popular, guardamos silencio por los tráileres tapatíos atestados de cuerpos o la ejecución de San Fernando. Este es el México brutal, inclemente e implacable que la ONU exige cese y regrese el imperio de la ley.

Es momento de alzar la voz. Es hora de que se actúe, que se detenga y condene tanto a los asesinos como a los cómplices gubernamentales que permitieron esta atrocidad. Al final, unos y otros son despreciables.

En Buchenwald, los aliados obligaron a los alemanes a recorrer las barracas repletas de los cadáveres de sus víctimas. Aquí, los que callaron y encubrieron deben enfrentar el horror que consintieron.

¡Ya basta de impunidad!

@VRinconSalas

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