En enero comenzaron una serie de eventos ordenados por la Casa Blanca que aisladamente parecen inofensivos pero en suma nos obliga a prestar atención. Los movimientos: Apostó al destructor Gravely en aguas del Golfo y el Spruance en el Océano Pacífico, ambas naves próximas al mar patrimonial tricolor, con ilimitado poder de fuego. Su nervio aéreo, el más eficaz del orbe, con bases en prácticamente toda la franja fronteriza. Su capacidad de reacción es inmediata, sin parangón, es invencible. La infantería en el fuerte Bliss de El Paso, Huachuca en Cochise, más Pendleton en San Diego, la robustecen. En esa tesitura, las acciones se deben de considerar, por lo menos, amenazantes a la soberanía. Pese a ello, la Presidenta Sheinbaum afirmó que no representaban un peligro al país. Noble la interpretación, aunque alejada de la realidad.
Cuando se observa al vecino ostentado sus armas y en voz estridente expresando su deseo de aniquilar a los narcos, es incomprensible pensar que los acomodos sean inocuos, es evidente que persiguen un fin determinante en la relación bilateral. ¿Actúan igual con Canadá? No. Los pesos y contrapesos se aprecian diametralmente distintos, de este lado nos ubican en el patio trasero, mientras que con los de la hoja de maple los une un solo origen, se declaran ‘hijos de la misma madre’, con aquellos será discusión netamente comercial.
El horizonte es sombrío, en el interior los mexicanos vivimos sumidos en una lucha que se antoja perdida, de hecho, estamos cerca de tocar fondo, las estructuras de seguridad sufren innumerables bajas, los paisajes llenos de fosas comunes, campos de exterminio, de ‘adiestramiento’ en el sicariato, decenas de miles de desaparecidos, funcionarios asesinados, la constante corrupción que resiste a rendirse y, el colmo, la democracia lastimada por un experimento que aparenta venganza del obradorismo al judicial por defender la Constitución en un régimen que no entiende de leyes.
El motivo: haciendo un breve recuento histórico, se usaron banales pretextos para disculpar el uso de la beligerancia en perjuicio de la nación revelando su vulnerabilidad frente a potencias extranjeras, no finjamos, jamás hemos ganado una guerra y tras la derrota nos ha costado enormes extensiones de territorio.
Ahora no es diferente, las maniobras las han ido justificando: Legalmente con la designación ejecutiva de que las organizaciones criminales son terroristas; entre tanto con inteligencia y sus sobrevuelos, tienen identificados sus objetivos y, por último, lo material, el despliegue de su maquinaria bélica.
Curiosamente, sin minimizarlo, hay una exacerbación de la ingobernabilidad y se utilizó el caso Teuchitlán. Se insiste, no es un tema nimio, es grave, aberrante, monstruoso, sin embargo ¿por qué no se mediatizaron situaciones similares? es el chispazo que se necesitan que prenda la mecha. Lo que hace Estados Unidos es un subterfugio ante la candidez de la 4T, que cree que con una reforma pararemos al extraño enemigo. Se preparan y la comandanta suprema lo evade. No se trata de presentar batalla, sí de evitar la embestida con habilidad y sapiencia, virtudes desconocidas por el morenismo. Lo peor está por pasar. No hay duda, las cinco estrellas pesan demasiado.
Abogado. @VRinconSalas