Valdría la pena ajustar las expectativas sobre el proceso de revisión del tratado comercial trilateral que dará inicio esta semana. El acuerdo establece que a seis años de la entrada en vigor del tratado, los tres países deben evaluar su funcionamiento y decidir si los socios quieren continuar con los términos existentes o se requieren ajustes. La llamada sunset clause no estaba en el tratado anterior. Su inclusión en la renegociación durante la primera administración de Trump, representa una posibilidad de modernización relativamente continua, pero también un elemento de incertidumbre.
Uno de los objetivos tanto del entonces TLCAN era contar con un marco regulatorio que diera certidumbre a la integración productiva de América del Norte. Para que tres economías integren sus cadenas de producción la certidumbre jurídica es un elemento clave. El acuerdo comercial, por raro que suene, no es sólo sobre comercio, es primordialmente sobre integración. No va sobre comerciar únicamente bienes finales con un tratamiento arancelario preferencial, sino sobre integrar procesos productivos.
El TMEC incorporó nuevas disciplinas —particularmente comercio digital, reglas laborales y propiedad intelectual— y buscó fortalecer las cadenas regionales de valor. Agregó reglas de contenido regional más estrictas —que podían representar una oportunidad para México en caso de hacer los ajustes necesarios justo en temas laborales y de valor agregado— y alguna que otra limitante para firmar acuerdos con economías que fueran consideradas como de “no mercado”.
El Tratado entró en vigor en 2020 y durante los años transcurridos a partir de esa fecha, el comercio entre los tres no solo se ha mantenido, sino que se ha profundizado. México, de hecho, se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos no únicamente debido a las ventajas del tratado, sino de la guerra comercial del presidente Trump con China.
Las revisiones comerciales rara vez son ejercicios puramente técnicos. La política siempre está sentada en la mesa. El momento en el que llega esta revisión está marcado por presiones proteccionistas globales, por políticas industriales más agresivas y por un interés creciente en asegurar cadenas de suministro regionales frente a la competencia y el conflicto global.
La revisión del T-MEC probablemente se concentrará en algunos temas clave. El primero son las reglas de origen, especialmente en sectores como el automotriz. El segundo tema es la política industrial. Es previsible que surjan discusiones sobre comercio digital, energía y cumplimiento de disposiciones laborales.
Para México, el objetivo central parece claro: preservar el acuerdo y mantener el acceso al mercado estadounidense. Pero la duda es qué pedirá Estados Unidos a cambio de eso. ¿Cuál es la línea entre lo deseable y lo que no deberíamos ceder? Es más, en el momento actual, ¿existe esa línea?
La incertidumbre frena la inversión y la probabilidad de que no se llegue a ningún acuerdo este año es cada vez más alta. México, mientras tanto, hará lo posible para mantener el acuerdo. Estados Unidos, por su parte, sabe que con la sola amenaza gana. Habrá que ajustar las expectativas.
@ValeriaMoy

