Dos pilares de toda sociedad democrática son la libertad de expresión y el derecho a la información. Una dupla que nos ha costado construir y que, en una sociedad dinámica, ambos valores siempre se ubican en consolidación y como esencia de la vida en comunidad. En la era digital, desafortunadamente hay quienes toman la voz, abusan de la libertad de expresión y propagan noticias falsas de manera deliberada, incluso encontrando espacio en las plataformas tecnológicas.
En esta columna compartiré lo que se entiende por noticias falsas. En mi libro “El ciudadano digital. Fake news y posverdad en la era de internet”, publicado por editorial Océano (2018), señalé: “La noticia falsa, es la que no es; la que adolece de verdad y es contraria a la realidad. En palabras llanas, una mentira.
Una información es objetivamente inexacta cuando no corresponde, en su contenido, a la verdad de los hechos. Las noticias falsas adolecen de lo que los griegos denominaban alétheia, es decir, lo que se refiere a la sinceridad de los hechos y a la realidad; o para los romanos, veritas, la verdad, lo cual también tiene sustento en que las noticias deben estar amparadas bajo esta veracidad. De ahí nace, en la defensa de los periodistas, la exceptio veritatis, es decir, que lo publicado o informado sea verídico.”
Por ello, en mi opinión, las fake news, al no ser noticias, no entrañan la protección de los artículos sexto y séptimo constitucionales.
Hoy se propagan como fuego en bosque seco, terminando con todo a su paso, como la dignidad de la persona, que es un derecho fundamental. Es sencillo publicar un blog en cualquier plataforma y afirmar, por ejemplo, que el dueño de Zara es narcotraficante, o que Elon Musk se dedica a la prostitución, aunado a la alteración de fotografías para ilustrar y dar vida a esas fake news.
El verdadero enemigo de la libertad de expresión es esta plaga que corroe a la sociedad, porque crea mentiras y muchas de ellas son replicadas, incluso en los medios de comunicación y redes sociales, lo que deja marcadas a las personas a las que hacen referencia con dicha publicación engañosa.
Y si a ello le agregamos que los monopolios tecnológicos tienen políticas que no cumplen y omiten retirar la información falsa de sus páginas, ante pruebas claras, incluso fallos judiciales, pues a menuda problemática nos enfrentamos en esta sociedad de la información, donde hemos migrado a un control de dichos monopolios.
Así que el debate que generan los Lineamientos sobre Derechos de las Audiencias, planteados por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, que se encuentran en consulta pública, es un proceso necesario para fijar bases con parámetros claros y contemporáneos.
No confundamos las fake news con el derecho a la libertad de expresión y de información. Como sabemos, todo derecho fundamental tiene sus límites, igual —por ejemplo— que el de la protesta, la cual debe ser pacífica.
El ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, y que la información difundida provoque algún delito, o perturbe el orden público, son las limitantes y ello no está a discusión.
El buscador de internet que contiene fake news es como el aire en un incendio en el bosque, que propaga las ráfagas hasta quemar todo a su alrededor. No lo perdamos de vista.
Abogado y activista, maestro en Ciencias Penales. Autor del libro “El ciudadano digital. Fake news y posverdad en la era de internet”. @UlrichRichterM
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