La contaminación atmosférica causa siete millones de muertes anualmente, posicionándose como el segundo factor de riesgo principal de muerte y el mayor riesgo medioambiental en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más del 90% de estas muertes por contaminación del aire, a nivel mundial, se atribuyen a las partículas diminutas suspendidas en el aire llamadas PM2.5 que provienen de la quema de combustibles fósiles y biomasa en sectores como el transporte, los hogares, las centrales eléctricas de carbón, las actividades industriales y los incendios forestales.
Estas emisiones no solo afectan a la salud de las personas, sino que también contribuyen a los gases de efecto invernadero que están calentando el planeta. Las poblaciones más vulnerables se ven afectadas de manera desproporcionada tanto por los riesgos climáticos como por la contaminación atmosférica.
El crecimiento económico sin precedentes de China y su dependencia de los combustibles fósiles degradaron la calidad medioambiental del país en la década pasada. China se convirtió en el mayor consumidor mundial de energía y carbón, el mayor mercado automovilístico y el mayor emisor de CO2 y SO2.
Hacia el 2005, Beijing fue coronada capital mundial del smog y la preocupación por la salud de los atletas que participarían en los Juegos Olímpicos a celebrarse en el 2008 se convirtió en una prioridad para las autoridades chinas. En este sentido, se adoptaron una serie de medidas para mejorar la calidad del aire. Se reubicaron y/o cerraron plantas, se redujo el uso industrial del carbón en Beijing y sus alrededores y se establecieron medidas de control de tráfico. En noviembre de 2014, China tomó medidas similares, aunque a menor escala, para preparar la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). En paralelo el primer ministro Li Keqiang declaró la «guerra contra la contaminación», denunciando el smog como «una advertencia de la naturaleza contra el desarrollo ineficiente y ciego».
En respuesta, el gobierno asiático emprendió cambios normativos sin precedentes en múltiples frentes: (1) reconocer el PM2.5 como contaminante primario y establecer por primera vez normas máximas nacionales; (2) establecer la reducción de la contaminación como uno de los objetivos burocráticos obligatorios en la evaluación y promoción de los funcionarios gubernamentales; (3) poner en marcha un programa nacional de monitoreo y divulgación de la calidad del aire en tiempo real; y (4) implementar una serie de políticas medioambientales, entre ellas la puesta en marcha de siete programas regionales piloto de comercio de derechos de emisión de CO2 y la promoción de la electrificación del sistema de transporte de pasajeros.
Las cifras del gobierno municipal de Beijing muestran que la contaminación por partículas en Beijing se redujo en más de un 60% en la última década.
La supervisión, la mejora de la tecnología de las fábricas, el cierre o la reubicación de centrales térmicas de carbón y minas, así como la restricción de la circulación de vehículos, sentaron las bases para la transición energética en curso del país asiático.
Actualmente las metrópolis con mayor polución atmosférica en el mundo se encuentran en la India. En América Latina, Perú y Chile encabezan los listados de las ciudades mas contaminadas de la región. Por su parte, la Ciudad de México se encuentra en el puesto 37 de acuerdo con la clasificación del World Air Quality Report.
Especialista en temas asiáticos

