"Una parte de los ministros de la Corte representan el régimen de corrupción y privilegios que había antes. Y eso es lo que están defendiendo." Así se expresaba Claudia Sheinbaum de la entonces ministra Norma Piña. Era diciembre de 2024 y México estaba en la víspera de transformar por entero su Poder Judicial. Más de un año después, el Democracy Report 2026 de V-Dem nos colocaría en la “zona gris“ democrática: tan cerca de la línea que separa a una democracia electoral de una autocracia electoral que ya no es posible afirmar con certeza si nuestro país sigue siendo una democracia.

La zona gris significa que con los datos disponibles ya no es posible afirmar con certeza que nuestro país cumple con los estándares mínimos para ser categorizado como democracia electoral. El reporte incluso va más allá e identifica a México en un proceso claro de autocratización.

La evidencia está a la vista. En apenas un año, el gobierno reformó por entero el Poder Judicial, desapareció siete organismos constitucionales autónomos —entre ellos el responsable de garantizar la transparencia y el acceso a la información pública (INAI)—, debilitó y cooptó a las autoridades electorales y continuó con el proceso de seguir ampliando las funciones militares en las funciones civiles. Estas y otras acciones configuran un patrón muy evidente que ha sido documentado en muchos otros países del mundo. Tristemente, en dos de cada tres países que entran en un proceso de autocratización como el que vive México, la democracia termina convertida en autocracia.

Pero reportes como éste cuentan apenas una parte de la historia y hay dos partes esenciales para entender procesos como el actual. El valor está en lo que no se encuentra escrito ahí. Primero: lo que convierte al caso mexicano en uno que será particularmente difícil de revertir es que la erosión democrática viene acompañada de una enorme cuota de legitimidad. Sheinbaum, como lo hizo en su momento también López Obrador, actúan con la connivencia ciudadana, no solamente con su tolerancia sino con un respaldo entusiasta a desmantelar el “Viejo régimen”.

En 2024, la encuesta del Latinobarómetro reportó que la satisfacción de los mexicanos con la democracia había alcanzado un récord histórico del 50%. Al mismo tiempo, el 56% declaró estar dispuesto a apoyar un gobierno que viole la ley si de esa forma resuelve los problemas de la sociedad. El problema de fondo es que la defensa de la democracia parece depender menos de principios universales y más de quién está en el poder y qué resultados entrega. La ciudadanía no castiga fuertemente las erosiones institucionales mientras percibe beneficios tangibles (sean estos estructurales o en forma de subsidios y becas en efectivo). De ahí que una proporción muy significativa de mexicanos esté dispuesta a aceptar que un gobierno viole leyes o instituciones si promete resolver los problemas más urgentes. En síntesis: en México lo que nos falta son demócratas.

Segundo. La trampa de los países que se deslizan hacia el autoritarismo competitivo estriba en la gradualidad de ese cambio, pues las reformas, la destrucción de instituciones, la concentración de poder, se hace todo tan despacio que pocos ciudadanos notan los cambios. No hay tanques en las calles ni golpe de Estado; se siguen celebrando elecciones, se mantiene una prensa, aunque cada vez más acosada y autocensurada. Y cada paso encuentra siempre una justificación pragmática: "por austeridad", "contra la corrupción", "por seguridad", argumentos que logran que la mayoría o bien no perciba o bien no le importe lo suficiente cuando se cruza la línea entre lo democrático y lo que ha dejado de serlo.

México no se precipitaría hacia una autocracia electoral por un golpe o por fraude burdo, sino por el camino que ya han seguido otros: el de la gradualidad, la legitimidad popular y una ciudadanía sin compromiso democrático profundo. Llegaría ahí con elecciones, con mayorías, con aplausos. Exactamente como llegaron Hungría, El Salvador y Venezuela antes que nosotros. V-Dem advierte que dos de cada tres democracias que entran en un episodio de autocratización no logran revertirlo. El desafío para México estriba en descubrir cómo revertir esa tendencia en un país donde la erosión democrática goza de amplio respaldo popular.

X: @solange_

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