En la Nochebuena de 1914, en los helados campos de Flandes, ocurrió algo inesperado: en plena guerra comenzó un partido de futbol. Desde sus trincheras, separadas por apenas treinta metros, los soldados británicos escucharon a los alemanes cantar "Noche de Paz". Se unieron y cantaron villancicos por turnos hasta que un soldado alemán cruzó los 30 metros que separaban la trinchera alemana de la británica para regalarles un arbolito de Navidad iluminado con velas.
Las cosas iban tan bien que, en un punto de la noche, quienes horas antes eran los enemigos más acérrimos, intercambiaban tabaco, chocolate y enterraban juntos a sus muertos. De la nada alguien llevó un balón -una pelota de goma para ser más precisos-, y el juego y la efímera tregua comenzaron. Soldados sencillos de un bando y de otro. Entre los altos mandos, sin embargo, esta muestra de fraternidad se entendió como rebelión y se prohibió a los soldados volver a hacer algo semejante bajo amenaza de ser acusados de alta traición. La unidad ponía en riesgo su guerra.
Ayer, México vivió su propio Flandes en el Estadio Azteca. Un país fracturado, con protestas de maestros, familias que buscan a sus desaparecidos, cierres viales, inseguridad, obras inconclusas, llegó a su fiesta con el ánimo sepultado bajo el peso de los agravios acumulados y de los reproches cruzados entre quienes gobiernan y quienes protestan, en una sociedad cada vez más polarizada.
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Pero en algún punto, en el Azteca, en los Fan Fest, en las calles, las diferencias empezaron a notarse menos. La playera verde y el grito de México en las bocas de miles de extraños hicieron que, al menos de forma efímera, los mexicanos olvidaran si el de enfrente era de Morena, del PRI, del PAN o de los manifestantes. Y entonces, al minuto 9 del partido inaugural, Julián Quiñones empujó el balón a la red y le regaló a México su primer momento de unidad en años. Más de ochenta mil personas en el estadio, y millones que veían desde plazas, salas y restaurantes, corearon ¡México! ¡México! al unísono.
Lo hecho por la selección fue histórico: desde 1930, México había disputado siete partidos inaugurales sin ganar ninguno. Hasta ayer. Un país que juega unido puede cambiar la historia.
Lo que ayer quedó claro es que nuestro país aún sabe corear a una voz, aunque hemos perdido la costumbre. La conversación pública se ha vuelto un intercambio de acusaciones y culpas entre los soldados rasos. Y como en Flandes, los generales temen la unidad de la tropa, porque terminar con la polarización es rebelión. La polarización es el modelo del cual se alimenta el régimen actual; nutre a quienes la usan para cosechar votos, audiencias y presupuestos sembrando división. Les ayuda a sostener la idea de que el de la trinchera de enfrente es un enemigo, porque sin enemigos su modelo se desploma.
Una sociedad capaz de compartir con otros el orgullo de ser mexicano, capaz de unirse para corear el nombre de México, se vuelve una amenaza para quien gobierna sustentado en el poder que otorgan el rencor y la división.
Y no se me malentienda: la tregua del Azteca no resuelve nada por sí misma, y puede ser tan efímera como aquella de 1914. Las familias que buscan a sus desaparecidos los seguirán buscando hoy, los maestros continuarán su huelga y sus bloqueos, la inseguridad y la narcopolítica seguirán ahí cuando se apaguen los reflectores. Pero ayer el país pudo recordar, durante noventa minutos, lo que todavía puede ser: una multitud que puede discrepar y aun así creer en algo común. Una sociedad que reconoce la legitimidad de los agravios y de las heridas abiertas pero que, sin la presión de los intereses de quienes se alimentan de su división, sigue creyendo en México.
En Flandes, el partido duró 20 minutos, la tregua duró una noche y la guerra continuó por otros cuatro largos años. El balón improvisado se destruyó y los soldados obedecieron la orden de disparar. No hay registros de que lo hicieran con gusto. Al escribir estas líneas, el Azteca todavía huele a fiesta y a unión. Pero quienes se alimentan de la polarización ya hacen cálculos para forzar la vuelta a las trincheras.
X: @solange_
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