En 116 años, el auxilio ha evolucionado de ser un acto de caridad individual a consolidarse como ingeniería de la corresponsabilidad, en la cual la Cruz Roja y el Estado forman una alianza salvadora de vidas y representativa de la convergencia de la tecnología y el gobierno con la vocación civil para la atención de emergencias.

La genealogía de la institución remite al esfuerzo de Luz González Cosío de López, quien anticipada a muchos políticos de su época comprendió que el dolor no tiene partido ni bandera.

Agosto de 1909. Esa fecha fue el punto fundacional de la Cruz Roja en México. Las inundaciones en Monterrey habían devastado la ciudad y dejado a miles en la desolación. González Cosío organizó la primera gran brigada de auxilio civil para enviar víveres y personal médico desde la capital del país.

Esa movilización fue argumento para que meses después —21 de febrero de 1910—, el presidente Porfirio Díaz firmara el decreto de creación de la institución. Aquel nacimiento marcó el inicio de una era donde la participación ciudadana dejaba de ser un gesto de caridad para convertirse en estructura.

Prueba de fuego fue la Revolución Mexicana. Durante la Decena Trágica de 1913, cuando el corazón de la ciudad era campo de tiro y la traición se cocía en la Ciudadela, los brazaletes blancos con la cruz carmesí fueron salvoconducto respetado por las balas. Los voluntarios recogían heridos de ambos bandos.

La historia de la ciudad es, en gran medida, la de sus desastres y la forma como se ha respondido a ellos. El sismo de 1985 fijó un antes y un después. Mientras el gobierno priista de entonces se paralizaba ante la magnitud del terremoto, la Cruz Roja y la sociedad tomaron las calles con eficacia. Aquella participación ciudadana espontánea se ha profesionalizado y tecnificado. El simulacro sísmico de este miércoles es heredero de esa memoria.

En la actualidad, el despacho de atenciones refleja una radiografía de la vulnerabilidad urbana. El año pasado, el servicio de emergencias del 9-1-1 canalizó 18 mil 152 reportes a la Cruz Roja, y hasta el 15 de febrero de este 2026 contabilizaba 3 mil 562. El mapa está trazado por cinco constantes: lesionados por caídas, choques vehiculares, crisis médicas, alteraciones del estado mental y accidentes de motociclistas.

Hay un sesgo de género: por cada diez mujeres atendidas son doce hombres, proporción sugerente de mayor exposición masculina al riesgo físico o, quizás, menor precaución en la cultura del cuidado.

En este contexto, la coordinación entre gobierno y Cruz Roja adquiere dimensión estratégica. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha consolidado la articulación del 9-1-1 y fortalecido un modelo donde la tecnología potencia a la vocación ciudadana.

Aquella participación civil iniciada en las aguas de Monterrey se manifiesta ahora en cada operador del servicio de emergencias atendido desde el C5 y en cada paramédico que aborda una ambulancia.

@guerrerochipres

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