El caso del narcoalcalde de Tequila, Diego Rivera Navarro, no es para nada el único de presidentes municipales jaliscienses vinculados al Cártel Jalisco Nueva Generación y que utilizan el cargo para extorsionar y para servir al poderoso e intocable capo Nemesio Oseguera Cervantes. La enorme influencia y presencia del Mencho a nivel nacional, comenzó con la construcción de su feudo de poder, económico y político en el estado occidental, en donde vive y se esconde desde hace más de 10 años sin que las autoridades mexicanas quieran y puedan capturarlo.
En los inicios del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, cuando decidió crear su nueva organización criminal, Nemesio eligió Jalisco porque sabía del enorme potencial e influencia de ese estado, no sólo en la economía mexicana, sino también de su vocación como sede delincuencial preferida por los capos de Sinaloa como lugar de residencia para ellos y sus familias, y en donde Rafael Caro Quintero fundó en los años 80 el mítico Cártel de Guadalajara, que floreció en la zona metropolitana de la capital tapatía con la complacencia y colusión de los gobernadores de aquella época, hasta que ocurrió el asesinato de Enrique Camarena Salazar, el agente de la DEA, cuyo secuestro, tortura y asesinato orillaron al entonces presidente Carlos Salinas, por presión de Estados Unidos, a detener y desmantelar a los capos sinaloenses que operaban desde la capital jalisciense.
Cuando en 2010 decidió independizarse del Cártel de Sinaloa y de su brazo operativo en Jalisco llamado Cártel del Milenio, el michoacano Nemesio Oseguera aprovechó la muerte de su jefe Ignacio Coronel, ocurrida en un operativo federal en 2010, durante el gobierno de Felipe Calderón, para crear en 2011 su propio cártel, junto con sus cuñados Los Cuinis, al que denominó “Jalisco Nueva Generación”. A partir de ahí comenzó a construir su ascenso como nuevo capo y el primer paso fue controlar al estado y para ello arropó el proyecto político del priista Aristóteles Sandoval, que montado en el fenómeno publicitario en el que se convirtió el candidato presidencial priista Enrique Peña Nieto, llegó a la gubernatura de la mano del nuevo cártel emergente en el narcotráfico mexicano.
Nemesio conocía muy bien Jalisco porque trabajó como policía en los municipios costeros de Tomatlán y Cabo Corrientes, en la zona costera del estado, y sabía que Guadalajara y su zona metropolitana siempre fueron campo fértil para el lavado de dinero. De la mano del primer gobierno priista que recuperó Jalisco tras 18 años de gobiernos del PAN, el nuevo capo, hasta entonces desconocido, comenzó a construir su emporio y su base de poder controlando territorios y municipios jaliscienses, tanto en el sur y la costa del Pacífico, incluido el codiciado paraíso de Puerto Vallarta que hoy domina y controla por completo en su gobierno y economía, como la Zona Metropolitana tapatía.
Su origen michoacano y su conocimiento del narco sinaloense, lo hicieron concebir un nuevo tipo de organización criminal que combinaba estrategias de disciplina y formación militar para sus sicarios, con propaganda y una filosofía propia orientada a fanatizas y condicionar a sus matones y operadores en un culto a su personalidad; algo parecido a lo que antes en Michoacán hizo Servando Gómez “La Tuta”, pero sin elementos religiosos y más orientado a fomentar la cohesión y disciplina de sus tropas armadas con base en el temor y la adoración a su figura, que también empezó a promover con narcocorridos y a crear su leyenda, como “El Patrón” y “El señor de los Gallos” y el jefe del Cártel de “las cuatro letras”.
El arranque del gobierno de Peña Nieto también le favoreció, y ya con Jalisco totalmente dominado, empezó a disputarle otras plazas y estados a sus antiguos jefes Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán Loera, a quienes les declaró la guerra y comenzó por impedir su regreso a Guadalajara, con el secuestro de los dos hijos del Chapo, Iván Archivaldo y Jesús Guzmán Salazar (hoy líderes de La Chapiza), que mostró el poderío que había alcanzado en apenas 5 años el CJNG. Ya disputaba entonces Nayarit, al mismo tiempo que se metía a su natal Michoacán con la creación de grupos armados que se presentaban como “Autodefensas” con los que empezó a combatir a Los Caballeros Templarios y a lo que quedaba de la Familia Michoacana, reclamando con grupos perfectamente armados su derecho de sangre sobre las productivas regiones de la Tierra Caliente y la zona aguacatera de la Meseta Purépecha.
El operativo del gobierno peñista para desmantelar a Los Caballeros Templarios en 2013, con la llegada de Alfredo Castillo como súper delegado federal, le ayudó a Nemesio Oseguera a hacerse del control de buena parte de su estado natal, donde también financió y se alió al ascenso de Morena a la gubernatura, desatando una guerra contra los llamados “Cárteles Unidos” que hoy en día sigue haciendo de Michoacán un estado violento, un paraíso de la extorsión y el derecho de piso a los productores aguacateros y limoneros, además de una ruta disputada por el control del estratégico Puerto Lázaro Cárdenas.
De ahí vino el resto de la República, a donde llegó con su ejército armado, que suele presumir en desfiles y videos, algo que lo distingue de otros cárteles por el uso de armamento del más alto nivel y la creación de tanquetas, camionetas artilladas y cañones de calibre 50 capaces de derribar aeronaves y traspasar blindajes y concreto. Como todos los narcos, también hizo su estrategia de crear base social regalando alimentos y artículos a la población ya sea en tragedias o en fechas especiales, lo que le ha servido para garantizar apoyo popular en varias partes de la República donde la frase “ahí les manda el señor Mencho” se ha vuelto sinónimo de lealtades sociales en pueblos y comunidades, como los de la Sierra Sur de Jalisco donde se oculta y se mueve, evadiendo los pocos intentos de las fuerzas federales para detenerlo.
Pero no sólo compra lealtades de la gente; su operación política ha sido otra de las grandes habilidades que consolidaron la fuerza y la impunidad del Mencho: desde comprar y amedrentar a autoridades de los tres niveles en México, hasta financiar campañas y apoyar a políticos que ha llevado a alcaldías, gubernaturas y hasta el Poder Legislativo. En 2018 supo leer bien los cambios políticos, y mientras a nivel estatal apoyaba y financiaba el ascenso de Movimiento Ciudadano con Enrique Alfaro en Jalisco, también se montó en la ola morenista a nivel nacional y en la política de “Abrazos, no balazos” de López Obrador, gracias a la cual gozó de 6 años de impunidad y crecimiento de su organización criminal, que fue devorando estados hasta llegar a dominar las aduanas federales más importantes del país en la frontera tamaulipeca.
Hoy, el joven humilde que salió de la pobreza en Michoacán primero como policía y luego como sicario y operador del narco sinaloense para convertirse en el criminal más buscado por la justicia de los Estados Unidos y en uno de los mayores capos criminales que hoy opera en México y en el mundo, perdió una pequeña pieza en su organización con la detención del alcalde de Tequila, que por cierto arrastra y denigra el nombre del gran maestro de la pintura mexicana. Pero ese no es problema porque le quedan muchas otras piezas en su Jalisco, donde es amo y señor, y en buena parte de México, donde las autoridades federales, con todo y la nueva estrategia de la presidenta Sheinbaum, no se atreven a tocarlo.
NOTAS INDISCRETAS…
En las redes sociales y en medios de comunicación de Tijuana, como el semanario Zeta, se denunció el pasado miércoles un asalto a una pareja de médicos, en una zona residencial de la ciudad fronteriza que, según los videos y los testimonios de las víctimas, fue cometido por ladrones que llegaron en una camioneta de la Guardia Nacional y portaban uniformes y armamentos como los del cuerpo militar de la Sedena. La noticia se volvió viral porque la mujer subió una transmisión en vivo a las redes sociales en la que, desde la terraza de su casa, gritaba desesperada pidiendo ayuda y diciendo que integrantes de la Guardia Nacional estaban intentando entrar a su casa por la fuerza y que temían por su seguridad. Un día después, el médico que vivía en la vivienda en cuestión subió un video en el que confirma que el asalto ocurrió, que los presuntos integrantes de la Guardia Nacional, que llegaron en una patrulla con todos los logotipos y características de las que utiliza esa corporación y que portaban uniformes de tipo oficial, entraron a su domicilio, lo amagaron y golpearon, mientras su esposa salía al balcón a gritar por ayuda y que se llevaron todos los artículos de valor que encontraron. Y lo confirma con imágenes de las cámaras de seguridad de su casa en las que se ve a uniformados cometiendo el robo. A pesar de las denuncias de las víctimas y de que varios medios tijuanenses reportaron el robo, la Guardia Nacional y su flamante director, el general Guillermo Briseño, recién nombrado como nuevo comandante, no han dicho ni una palabra del tema y no confirman, pero tampoco desmienten que los asaltantes de Tijuana sí sean parte de la corporación. Según el periodista Ernesto Eslava, del Semanario Zeta, no es el primer asalto que se reporta en Tijuana y en el que se señala a medios de la Guardia Nacional como presuntos asaltantes, pues han ocurrido por los menos otros tres robos similares, extrañamente en domicilios de otros médicos. Incluso el director de seguridad del municipio de Tijuana declaró que no se descartaba que sí se tratara de elementos de la Guardia y que se estaba investigando. La pregunta es por qué el silencio de la GN y por qué no aclaran o se deslindan de una acusación tan grave. No sería la primera vez que elementos del cuerpo militarizado de seguridad que creó el expresidente López Obrador se vieran envueltos en la comisión de delitos, pues de acuerdo con datos reportados por el especialista en seguridad, David Saucedo, para EL UNIVERSAL, hay documentadas hasta 11 denuncias de hechos en los que elementos de la GN han sido señalados por cometer diversos delitos, pero la institución ha guardado silencio y no ha informado si procesa o no a sus malos elementos. Veremos si el nuevo comandante de la Guardia, apenas designado esta semana, asume alguna posición al respecto de esas denuncias y en particular de lo que acaba de suceder con el asalto a los dos médicos de Tijuana. Si no lo hace, sería de extrema gravedad que un cuerpo militar policíaco, que ha costado miles de millones de pesos a los mexicanos y cuyos resultados hasta ahora son cuestionados por el nivel de inseguridad y violencia que se vive en varios estados del país, especialmente en temas de narcotráfico, encima de que no han servido para lo que se les creó, ahora terminen arropando a delincuentes en sus filas…Los dados mandaron Escalera. Un buen fin de semana para los amables lectores.

