Buitres les grita el oficialismo a los que indignados cuestionan que la muerte de 14 personas por el descarrilamiento del Tren Interoceánico pudo haberse evitado. Se indignan por la portada en EL UNIVERSAL en la que se publicó el rostro de las víctimas de esta tragedia señalando que es una falta de empatía cuando no dudaron en exhibir las de otras víctimas en sus redes, en sus actos políticos o incluso en su vestimenta cuando así le convenía a su objetivo de acceder al poder. Cómo olvidar los algoritmos construidos por Epigmenio Ibarra señalando al Estado como responsable de la desaparición y muerte de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, o la imagen de López Obrador rodeado de los padres y de las fotos de cada uno de estos jóvenes. Es cierto, no se pueden adelantar conclusiones, pero también lo es que no sabremos la verdad, pues esta sólo podría resultar de una indagatoria independiente y no de una en la que hay un abierto conflicto de interés y se actúa bajo la lógica de juez y parte. En este caso, los que construyeron el tren envuelto en filtraciones y opacidad, serán los mismos que se investiguen y seguramente se exoneren aribuyendo las causas a todo menos a las condiciones en las que se realizó esta obra insignia del gobierno obradorista. Una institución respetada apenas hace algunos años hoy está rodeada de escándalos de corrupción porque con el objetivo de mantener a las fuerzas armadas como aliadas incondicionales del grupo en el poder se les asignaron tareas relacionadas con la construcción de obras emblemáticas o cuidado de puertos y aduanas, que a la postre resultaron en jugosos negocios para unos cuantos. No se puede obviar que el huachicol fiscal ha manchado irremediablamente a la Marina, a lo que se suma lo sucedido en ese rincón de Oaxaca pues la empresa paraestatal Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec —operada por esa institución— fue la encargada del proyecto del Tren Interoceánico y de las licitaciontes correspondientes.
Resulta paradójico que para evitar que el gobierno asuma su responsabilidad frente a esta tragedia los corifeos que ayer gritaban “Fue el Estado” hoy mantengan un silencio cómplice y sean incapaces de solidarizarse con las verdaderas víctimas de este acontecimiento. Siguiendo el guion aplicado en otras ocasiones, se colocan en el centro y pretenden que se les asigne este papel, cuando hay una familia llorando la muerte de una niña de 6 años o de su abuela, y las familias de otras doce personas más que murieron en este trágico momento. Como lo escribió José Mario de la Garza, presidente de de Perteneces AC, no se puede obviar que “cuando un tren cae en una curva conocida como peligrosa, en una ladera inestable, con señalamientos previos de fallas, no estamos frente al azar: estamos frente a un Estado que asumió el riesgo y siguió adelante. Y cuando el riesgo se acepta la tragedia deja de ser accidente”
Son los mismos que cierran los ojos ante la realidad de violencia y muerte que asola a nuestro país. Los que no se conduelen por la cifra récord de más de 14 mil desaparecidos o de más de 20 mil asesinatos en 2025. Los que normalizan ejecuciones como la sucedida en Zapopan. Se olvidan que, si ayer fue el Estado, ahora también es responsable por su negligencia, indolencia e incapacidad de proteger nuestras vidas.

