Las páginas de La guerra y la paz nos recuerdan que los conflictos no se reducen a batallas aisladas, sino que son procesos que impactan la vida de los pueblos. Esa visión ayuda a entender que cada acción en contra del crimen organizado en México tiene consecuencias que van más allá del momento mismo del operativo.
De ahí que sea un hecho contundente el abatimiento de quien fuera señalado como líder del CJNG, un golpe estratégico que demuestra la capacidad del Estado para enfrentar a quienes han sembrado miedo y violencia.
Pero, como describía Tolstói, la batalla no termina en el campo donde se libra; sus repercusiones se extienden a varias regiones, provocando una escalada de violencia. Por eso, la respuesta oficial no puede ser parcial ni intempestiva.
El Gobierno de México asumió la tarea de atender lo anterior, consciente de que la seguridad no se construye solo con fuerza, sino también con coordinación, justicia y presencia institucional de los demás órdenes.
Lo ocurrido este domingo en Jalisco, y que se extendió a otras entidades del país, no fue un hecho menor; fue el resultado de meses de inteligencia militar central, de la coordinación con el Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía General de la República, y de una operación precisa ejecutada por Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, con apoyo de la Fuerza Aérea y de la Guardia Nacional.
No se trató de una acción improvisada, sino de un despliegue estratégico para detener a uno de los principales generadores de violencia en el país. Durante la operación, hubo bajas del lado del grupo delictivo y también elementos del Ejército heridos en el cumplimiento de su deber.
Estos datos no deben leerse con morbo, sino con claridad: el Estado mexicano actuó conforme a la ley, enfrentó una agresión armada y logró neutralizar una amenaza que por años lastimó a miles de familias en todo México.
Es comprensible, sin embargo, que tras un golpe de esta magnitud se haya producido una reacción violenta en distintos puntos del territorio. Los grupos delincuenciales no se quedan inmóviles cuando pierden a sus liderazgos. Responden con intimidación, con bloqueos, con actos violentos que buscan enviar un mensaje de fuerza. Pero lo que realmente evidencian es lo contrario: que están siendo tocados, que su capacidad de impunidad se está reduciendo, que el Estado está avanzando.
La demostración de violencia no es señal de debilidad gubernamental. Es, paradójicamente, la respuesta desesperada ante una acción efectiva. Cada vez que el Estado golpea estructuras criminales de alto nivel, se producen reacomodos internos y reacciones violentas. Lo vivimos en el pasado y lo estamos enfrentando hoy con mayor coordinación y firmeza.
La diferencia es que ahora existe una estrategia de seguridad clara. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha sido enfática: no habrá pacto con el crimen, no habrá tregua con quienes atentan contra la paz de México.
El operativo de este domingo en Jalisco también mostró algo fundamental: la cooperación bilateral en materia de información. En un mundo interconectado, los fenómenos criminales trascienden fronteras. La colaboración permite complementar datos y mejorar la eficacia de las acciones.
Estos hechos deben analizarse con serenidad. No podemos permitir que el miedo nuble el juicio ni que la desinformación se imponga. En su momento, el Gabinete de Seguridad explicará en detalle qué ocurrió, por qué ocurrió y qué se hará para contener sus efectos.
La paz, como hemos señalado antes, se construye todos los días. Se construye cuando se debilitan las finanzas del crimen, cuando se desmantelan sus arsenales, cuando se detiene a sus operadores y cuando se refuerza la presencia institucional en las regiones prioritarias.
Estos son resultados que obedecen a una estrategia que combina inteligencia, coordinación, determinación política, y demuestran que el Estado mexicano no está replegado, sino trabajando para consolidar la pacificación de la nación.
Hoy más que nunca necesitamos unidad. Unidad para respaldar la Estrategia Nacional de Seguridad. Unidad para confiar en que las instituciones están cumpliendo su responsabilidad. Unidad para no caer en narrativas que solo alimentan el caos.
México vive un momento decisivo. Golpear a estructuras criminales de alto nivel implica riesgos, pero también abre oportunidades para consolidar la paz. La historia nos enseña que los procesos de pacificación son complejos y requieren constancia.
Si algo nos deja este hecho es una lección clara: cuando el Estado actúa con firmeza, los resultados llegan. Y cuando esto ocurre, quienes se beneficiaban de la violencia reaccionan. No es motivo para retroceder, sino razón para avanzar con mayor determinación.
Debemos seguir apoyando a la presidenta, respaldando a nuestras instituciones y alimentando los canales confiables de información. Luchar contra la violencia es un proceso complejo, y la paz siempre será una conquista colectiva.
Coordinador de los diputados de Morena
X: @RicardoMonrealA

