Tácito cuenta cómo la reina celta Boudica surgió de la tragedia. Después de la muerte de su esposo, el poder imperial le arrebató sus bienes y la azotó públicamente buscando quebrar cualquier posibilidad de rebeldía. Sin embargo, ocurrió lo contrario: en donde Roma esperaba sumisión, encontró dignidad.

El historiador romano narra que aquella mujer logró convertir una causa personal en una cruzada colectiva. Las tribus dispersas encontraron en ella un símbolo capaz de unir agravios, dolores y esperanzas.

Boudica encarnó la afirmación política de que ningún pueblo acepta la imposición de intereses ajenos sobre su destino. Por eso, su legado permanece vigente y representa a quienes comprenden que la soberanía es la facultad de un pueblo para decidir su destino por sí mismo.

El Universal Responde

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Hoy, las circunstancias son distintas, pero las discusiones de fondo conservan semejanzas. El segundo aniversario del triunfo electoral que abrió paso al Segundo Piso de la Cuarta Transformación se convirtió en un ejercicio de rendición de cuentas y en un recordatorio de que la soberanía nacional es un tema central.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo eligió un lema que resume la esencia de su gobierno: “Honestidad, resultados y amor a la patria”, palabras que también resumen una visión política que entiende al poder como instrumento de servicio para el pueblo.

Hace dos años, cerca de 36 millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas la continuidad de un proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador. Aquella votación histórica constituyó la ratificación de una transformación profunda que condujo hasta la Presidencia de la República a la primera mujer en la historia de México.

Los logros y resultados dados a conocer este domingo confirman la consolidación de programas sociales, el fortalecimiento de las finanzas públicas, el impulso a la inversión estratégica, la recuperación del papel rector del Estado y la defensa permanente del bienestar colectivo.

Sin embargo, el aspecto más relevante del mensaje presidencial no solo se centró en el balance de logros. También lo fue la convocatoria abierta a la ciudadanía para defender la soberanía nacional frente a cualquier intento de injerencia externa.

Este llamado resulta particularmente pertinente, pues cuando la presidenta afirma que en nuestro país las mexicanas y los mexicanos deciden quién manda, está recordando un principio fundamental de cualquier democracia auténtica. La autodeterminación de los pueblos constituye una conquista histórica que no puede relativizarse según las conveniencias políticas del momento.

De ahí lo significativo de su advertencia sobre quienes, por intereses políticos o económicos, están dispuestos a abrir espacios a influencias extranjeras con tal de recuperar privilegios perdidos. La historia de México ofrece suficientes lecciones sobre los costos de permitir que decisiones fundamentales se tomen fuera de nuestras fronteras.

También destacó su señalamiento respecto a las campañas de desinformación que buscan alterar la percepción de la realidad mediante redes de cuentas falsas, manipulación digital y estrategias de desgaste político.

La defensa de la soberanía en el siglo XXI ya no ocurre únicamente en territorios físicos. Se libra también en el terreno de la información, donde algoritmos y plataformas poseen una capacidad de influencia sin precedentes.

En ese contexto, adquiere vigencia la frase que pronunciara Salvador Allende durante sus últimas horas: “La historia es nuestra y la hacen los pueblos”; no los poderes económicos, no los intereses extranjeros, no las élites que pretenden decidir por encima de las mayorías.

Los pueblos organizados siguen siendo los verdaderos protagonistas de las transformaciones duraderas. Esa misma convicción se incluye en una de las páginas más importantes del pensamiento político mexicano, cuando el general Lázaro Cárdenas advirtió que “El que entrega los recursos naturales de México a extranjeros es traidor a la patria”.

Por eso, el llamado de la presidenta a realizar asambleas informativas con la consigna “La patria no se vende” debe entenderse desde esa tradición histórica. Y esto, más que defender a un gobierno, representa defender la capacidad de México para tomar decisiones soberanas sobre su presente y su futuro.

Nuestra nación ha demostrado que sabe defender su dignidad cuando las circunstancias así lo exigen. Desde la Independencia hasta la expropiación petrolera, pasando por innumerables episodios de resistencia cívica, existe la constante histórica de que la voluntad colectiva de México no acepta tutelas externas.

El segundo aniversario del triunfo del Segundo Piso de la Cuarta Transformación deja precisamente la enseñanza de que la soberanía es una tarea permanente, y que su defensa requiere participación, conciencia y unidad.

Hoy, más allá de cualquier diferencia, conviene recordar que hay causas que pertenecen a toda la nación; la defensa de México es una de ellas. Por eso, la convocatoria de la presidenta llega en un momento oportuno.

Cuando la patria enfrenta presiones externas y campañas de desinformación, corresponde cerrar filas. No alrededor de una persona, sino alrededor del principio irrenunciable de que el destino de México siga estando, como siempre debe estar, en manos del pueblo de México.

Coordinador de los diputados de Morena

X: @RicardoMonrealA

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