Los mexicanos esperábamos un aeropuerto de clase mundial para sustituir al tradicional aeropuerto Benito Juaréz, el AICM, y el proyecto aeroportuario de Texcoco, diseñado por el más importante arquitecto especializado en aeropuertos, el británico Norman Foster, cubría todas las expectativas.
Sin embargo, por un capricho del presidente López Obrador tuvimos que conformarnos con el AIFA, originalmente un aeropuerto militar.
Sin embargo, hoy es lo que hay, y cuando por una casualidad de interconexión de vuelos uno descubre un aeropuerto moderno, elegante, bien diseñado en el ámbito estético, con un área comercial lujosa y restaurantes que hacen agradable la estancia y además, es de llamar la atención la actitud amable de quienes ahí trabajan, desde las actividades más modestas. Un aeropuerto obsesivamente limpio.
Sin embargo, al caminar por sus hermosos y funcionales pasillos por la tarde, llama la atención la poca afluencia de pasajeros.
Es una obra que se hizo con dinero público, -de todos los mexicanos-, y por ello debiese preocuparnos que no se convierta en un elefante blanco y los propietarios de la tiendas, boutiques y restaurantes que hoy operan con grandes expectativas desesperen y decidan abandonar sus locales.
El AIFA fue inaugurado el 21 de marzo del 2022, por lo cual ya va hacia su cuarto año de operación.
En el año 2025 movilizó a 7 millones de pasajeros, mientras el tradicional aeropuerto de la Ciudad de México, el AICM, con todo y su deterioro por falta de mantenimiento logró mover a 44.5 millones en el mismo periodo, 2025.
Es preocupante que el AIFA no ha logrado sortear con éxito los cuestionamientos de autoridades aeroportuarias internacionales, lo cual impide que las aerolíneas extranjeras lo utilicen.
Es inevitable no traer a la mente como una referencia el fracaso del que debiese haber sido el aeropuerto más grande del mundo en el último cuarto del siglo XX.
El aeropuerto Mirabel ubicado a 39 kilómetros de Montreal, Canadá, es una gigantesca obra construida con seis terminales, seis pistas y capacidad para recibir hasta 60 millones de pasajeros al año, que en su época, hace 50 años, debe haber sido una gran expectativa.
Se inauguró en 1975, con las posibilidades que generaban los juegos olímpicos que se desarrollarían en Canadá en 1976.
La conectividad terrestre de este aeropuerto terminó siendo uno de sus principales inconvenientes y quizá el más importante. Por ello las aerolíneas empezaron a retirarse de ese aeropuerto.
El último vuelo comercial despegó en octubre del 2004 rumbo a París, y a partir de ahí quedó totalmente abandonado.
La mala imagen del AIFA entre los posibles usuarios, -caracterizada por una errónea percepción de improvisación-, impiden que se utilice y sólo una casualidad, -como lo es una forzosa conexión de vuelos-, permite que uno lo descubra.
La pésima conectividad del AIFA con las zonas urbanas donde se mueven los usuarios potenciales de los servicios de transportación aérea, seguramente se ha convertido en un obstáculo.
La percepción de inseguridad en la zona aledaña, por donde debe transitar los pasajeros para llegar o salir del AIFA limita su uso, pues el temor a transitar a altas horas de la noche restringe considerablemente la posibilidad de vuelos en horarios nocturnos.
Es urgente acondicionar una ruta terrestre que conecte al AIFA con algún punto de la Ciudad de México que sea neurálgico y además, concesionar la operación a alguna empresa de las que hoy operan aeropuertos en el país, para que con visión empresarial planifique el futuro de este aeropuerto.
La vocación empresarial no se puede improvisar pues se forma a lo largo de los años y evitar cederla a los empresarios improvisados que hoy pululan alrededor de la nueva aristocracia impulsada desde la 4T. La experiencia aeroportuaria es fundamental.
Hoy quien opera el AIFA es una empresa controlada por SEDENA, que si bien ha logrado mantener el inmueble en óptimas condiciones, se requiere una visión de rentabilidad que sólo se logra en el ámbito de la iniciativa privada. De no realizarse este cambio se corre el riesgo de desaprovechar este impulso inicial.
Además, una campaña mercadológica dirigida a los usuarios potenciales y no a la clientela política será fundamental para cambiar la percepción.
Y con visión aeroportuaria generar una campaña de lobbying con las autoridades, internacionales del sector y las aerolíneas globales.
Crisis de valores
La compañía minera canadiense Vizsla Silver Corp, para la que trabajaban los mineros plagiados en Sinaloa para extorsión tiene como política no pagar chantajes de delincuentes y se justifica con las leyes. Ante lo cual tienen razón.
Sin embargo, ante este delito que causó la muerte de sus trabajadores el problema tiene un lado humanitario… ¿No debieran haber pagado la extorsión para salvarles la vida?
Jurídicamente tienen razón… humanitariamente no.
¿A usted qué le parece?
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