“Excesos y exterminio que hubo durante la llegada de los españoles” … respondió la presidenta Sheinbaum durante la “mañanera” a la pregunta que hizo un periodista con referencia al gesto del rey Felipe VI de España reconociendo que podría haber habido abusos durante la conquista, pero que debiera investigarse ese tema.
Consideremos que la palabra exterminio es sinónimo de genocidio, lo cual es una grave acusación en contra de España en boca de la presidenta de México. Genocidio representa las acciones más oscuras de la historia universal. Un desliz como éste en un tema histórico que seguramente ella no domina a profundidad, exige cautela.
Se ha vuelto un cliché histórico en México hablar de la “conquista” cuando se hace referencia a España. Sin embargo, podemos asegurar que no hubo “conquista” desde la perspectiva de una invasión militar proveniente de un ejército extranjero. ¿Qué podrían hacer 800 españoles con 15 caballos y 15 cañones enfrentando a un número cercano a los 100 mil bravos guerreros aztecas que defendían Tenochtitlán?
Según la tercera Carta de Relación enviada por Hernán Cortés al rey Carlos I de España, -firmada el 15 de mayo de 1522 en Coyoacán-, relata que la victoria que representó derrotar al imperio Mexica contó con el apoyo de los 75 mil guerreros indígenas aliados.
De ahí surge el cuestionamiento: si el ejército que enfrentó al imperio mexica era indígena y todos ellos eran, -o enemigos acérrimos de los aztecas, como lo eran los Tlaxcaltecas- o eran sus vasallos, sojuzgados y pagando tributos muy onerosos ¿cómo debemos interpretar esa guerra?
No podemos hablar de conquista de nuestro territorio por una potencia extranjera, sino de una sublevación indígena en contra del imperio dominante.
Nuestro territorio estaba habitado por una vasta diversidad cultural y étnica, con pueblos confrontados en contra del enemigo común.
Por ello no debemos calificar el hecho como una invasión que derivó en una violenta conquista, -como dice la narrativa gubernamental-, sino como un reordenamiento del mundo indígena.
El historiador afín a la 4T, Pedro Salmerón denominó correctamente este hecho como la “Irrupción española”. La llegada de Cortés, -y lo que representaba su liderazgo-, detonó la sublevación del mundo indígena en contra del imperio azteca. Seguramente sin la llegada de Cortés a nuestro territorio no se hubiesen dado las condiciones para esa sublevación.
En términos futbolísticos, Cortés fue el director técnico y sus soldados el equipo técnico de respaldo, y el ejército aliado los jugadores que compiten en la cancha.
Evidentemente, ante la derrota del imperio mexica, el vacío de poder que se generó propició que Cortés tomase el control político a favor de la Corona Española capitalizando su liderazgo y ascendiente sobre todos los caciques aliados, que resultaron triunfadores.
A partir de ahí se estructuró de modo institucional el control político de todo el territorio, bajo el modelo de gobierno español.
Si algo ayudó a la Corona Española a tomar el control territorial fue que al caer el imperio generador de violencia, -o sea el mexica-, se pacificó totalmente el territorio bajo un modelo de gobierno que garantizó el respeto de los derechos humanos de toda la población indígena, así como de la propiedad de sus tierras.
Muy importante fue la sustitución de un modelo religioso politeísta y violento que exigía sacrificios humanos, por una religión monoteísta y pacifista, en la que el único dios reconocido en lugar de exigir sangre dio como ofrenda a su único hijo, Jesús, para que fuese sacrificado precisamente a nombre de toda la humanidad.
Frente a todo ésto que está documentado en muchos testimonios como son las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, las de López de Gómara, las Cartas de Relación de Hernán Cortés y desde la perspectiva indígena, el libro 12 del Códice Florentino, -redactado con testimonios de indígenas que vivieron la sublevación en contra de Tenochtitlán-… ¿Dónde se ubica la violencia cruel de una conquista española?
Sin embargo, los excesos españoles documentados no fueron en el periodo denominado conquista, pues las dos matanzas conocidas, -una denominada como la del Templo Mayor, dentro de Tenochtitlán-, y la otra la de Cholula, fueron un intento de defensa del ejército español cuando descubrieron la trampa en que estaban metidos mientras se planeaba su exterminio.
Otro gran cliché es el impacto de la viruela negra durante la denominada “conquista”, que causó muchas muertes y se dice que debilitó a los defensores de Tenochtitlán. Sin embargo, -en estricto sentido-, la epidemia debió haber contagiado primeramente a los soldados de Cortés y a sus aliados indígenas y ya después a los mexicas. Por tanto, el impacto sanitario debió haber diezmado a ambos ejércitos por igual.
Reclamar por las muertes atribuidas a la viruela negra traída a nuestro territorio por el soldado Francisco de Eguía, infectado por esa enfermedad, sería similar a que México exigiese a China responsabilidades por las 800 mil muertes provocadas por el COVID 19 generado en ese país oriental.
Los excesos y abusos reclamados por el gobierno mexicano seguramente corresponden al periodo de gobierno español, a partir de que se creó el sistema de “encomiendas”, como un modelo productivo para trabajar la tierra y la minería, y algunos encomenderos guiados por su ambición personal, se extralimitaron.
Por tanto, el abuso no fue responsabilidad del Estado Español ni de la Corona Española, sino de individuos ambiciosos. Reclamar a España por lo realizado al margen de la ley por algunos ciudadanos ibéricos equivale a que España, Europa y muchos países exijan hoy al gobierno mexicano responsabilidades por la desaparición de ciudadanos de esos países en nuestro territorio a manos de la delincuencia organizada.
Al contrario, la Corona Española pretendiendo proteger los derechos de los habitantes de los nuevos territorios promulgó Las Leyes de Burgos en 1512 y las denominadas Leyes Nuevas de 1542, las cuales se anticiparon globalmente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, -decretada el 10 de diciembre de 1948 en París-, así como a las leyes para proteger los derechos laborales de los trabajadores, aparecidas en Europa hasta la Revolución Industrial del siglo XIX.
Después estas leyes quedaron incluidas dentro de la constitución denominada “Leyes de Indias”, promulgada en 1681.
Ya desearíamos que México represente hoy lo que significó mundialmente la Nueva España en los siglos XVI, XVII y XVIII, -como una gran potencia económica-, con un territorio del más del doble de kilómetros cuadrados del que tenemos hoy.
En 1821 al firmarse la independencia de México el gobierno recién formado por Agustín de Iturbide recibió un territorio de 4 millones 950 mil kilómetros cuadrados, que abarcaban casi toda Centroamérica, así como California, Texas, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado. Territorio que España supo conservar durante doscientos años hasta que nos lo entregó, pero que nuestros gobiernos en el México independiente descuidaron.
En 1823 Centroamérica se separó de México y en febrero de 1848 México perdió 2.4 millones de Km cuadrados frente a Estados Unidos con el tratado Guadalupe Hidalgo. Al final nos quedamos sólo con un millón 950 mil kilómetros cuadrados que hoy es el total de nuestro territorio.
Además, la Nueva España jamás fue “colonia” propiedad de la Corona Española, -lo cual es un gran mito-, sino una provincia con los mismos derechos políticos, sociales y económicos, -así como privilegios-, de las provincias, -o estados-, ubicadas en la Península Ibérica. Tenía los mismos derechos, de Asturias, Navarra, o Cataluña por citar algunas.
Debiésemos reconocer que nuestra gran riqueza ha sido la fusión étnica lograda a partir del mestizaje, que fue una política promovida por la Corona Española a través de los matrimonios reconocidos jurídicamente por el Estado Español y por la Iglesia Católica, -entre españoles y mujeres indígenas-, y no de la violencia y depredación sexual que pudo haber existido también por parte de gente desalmada y violenta, igual que sucede aún hoy, -en 2026-, en nuestro México, sin que las autoridades lo puedan castigar. Por ello el gran índice de impunidad de los delitos sexuales. Las consignas de la marcha del M8 exhiben en toda su crudeza esta violencia actual en contra de las mujeres.
Preocupémonos por los desaparecidos durante estos años y escuchemos las recriminaciones de madres buscadoras y de familiares de desaparecidos que no encuentran en las autoridades de hoy el apoyo para encontrar a sus familiares, ni siquiera para recibir justicia. Es urgente resolver lo de hoy en lugar de seguir con la narrativa de la victimización por lo sucedido hace 500 años.
Sintámonos orgullosos de esta gran fusión de dos grandes civilizaciones y de lo que recibimos de occidente, así como de lo que como nación aportamos al mundo desde México. El intercambio fue importante.
De occidente recibimos la rueda y la utilización del hierro, así como mamíferos que hoy son parte de nuestra alimentación, como el ganado vacuno, bovino, los cerdos, gallinas y otras aportaciones alimenticias, así como caballos y burros, que fueron la base del transporte terrestre hasta la llegada del ferrocarril y luego de la industria automotriz.
De México salió para el mundo el jitomate y el tomate verde, aguacate, maíz, frijol, cacao, vainilla, calabacita, guanábana, chayote, guayaba, verdolagas, chile y nopal entre otras aportaciones desconocidas en Europa en esa época y que hoy son parte fundamental de la alimentación mundial.
El intercambio entre lo que ofrecimos a Europa y lo que recibimos fue fundamental y de eso poco se habla. Sin la rueda y el hierro se vivía en la edad de piedra.
México es hoy el resultado de la fusión de dos grandes civilizaciones. Sin embargo, esto nos genera grandes resentimientos.
Reinterpretar nuestra historia para eliminar el sentimiento de victimización es fundamental para rescatar el orgullo por nuestras raíces y ver el futuro como un proyecto de nación en el que todos nos sintamos incluidos.
¿A usted qué le parece?
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