Me han puesto muchas etiquetas. Dicen que soy de izquierda, de derecha e incluso, de extrema derecha. Yo siempre respondo lo mismo: soy libertario. Si por defender la libertad me etiquetan, que así sea.

Eso puede sonar confuso para algunos. Pero leí un (For a New Liberty) que explica bien el origen del lío.

Originalmente, quienes defendían la libertad individual, la libertad de expresión y la igualdad de derechos eran “los de izquierda”. Mientras que “la derecha” eran quienes defendían a la monarquía y al viejo régimen.

Poco a poco eso fue cambiando:

  • Las monarquías perdieron poder.
  • Se separó la Iglesia del Estado. 
  • Surgió el socialismo con su idea de “igualdad ante todo”.

Así, sin mucho sentido, los liberales pasaron a ser “de derecha”, y los socialistas se volvieron “la nueva izquierda”.

El problema del socialismo

Para los socialistas no son suficientes las libertades que permitieron a los trabajadores prosperar. Quieren un “gobierno de los trabajadores” (aunque en la práctica terminan gobernando sólo unos cuantos a su nombre).

El socialismo suena atractivo porque promete principios buenos, como la libertad, la paz, el desarrollo industrial y el crecimiento. Pero para lograrlo usan medios que no funcionan: más Estado y más control colectivo.

Sin darse cuenta, o tal vez perversamente dándose cuenta, el resultado es un Estado socialista que pisotea los derechos básicos en nombre de una “igualdad” que:

1. Es imposible de alcanzar.

2. No es deseable porque quita el incentivo para que la gente desarrolle su potencial. He hablado ya en varias ocasiones sobre y ahí están los ejemplos.

El problema también viene de algunos liberales

Los socialistas no fueron los únicos que fallaron. También algunos liberales abandonaron la defensa de los derechos naturales y adoptaron una postura utilitarista: defender a la libertad no como un principio, sino por ser el medio más conveniente para lograr resultados económicos. El riesgo es que, si las circunstancias cambian, también sus preferencias pueden cambiar de bando.

Entonces, ¿dónde quedan los libertarios?

En medio, entre los conservadores y los socialistas, quedamos los verdaderos defensores de la libertad individual y el libre mercado —los libertarios.

Nuestro principio central es muy claro: nadie puede agredir a otra persona ni a su propiedad; ese es el axioma de no agresión.

  • Defendemos las libertades civiles: la libertad de expresión, de publicación y de reunión. 
  • Defendemos la propiedad privada frente a cualquier invasión.

La idea detrás es muy simple: todos podemos hacer con nuestra propiedad lo que queramos, ya sea regalarla, heredarla o intercambiarla, siempre y cuando la otra parte participe voluntariamente. Eso es el sistema de laissez-faire (dejar hacer).

Ni izquierda ni derecha son consistentes

El libertarismo es la única postura que mantiene y defiende la esencia de la libertad.

  • La izquierda rechaza la violencia de la guerra y el servicio militar obligatorio, pero apoya la violencia de los impuestos y el control del gobierno.
  • La derecha dice defender el libre mercado, pero no le ven ningún problema a los enormes subsidios, a la protección de monopolios y a otras distorsiones del mercado que crea el propio gobierno.

Por eso, querer encasillar todo en “izquierda o derecha” no funciona. Pero nada de esto pasa solo.

¿Por qué seguimos aceptando esto?

Históricamente los gobiernos se han apoyado en intelectuales y supuestos “expertos” para justificar sus acciones y convencer a la gente de que acepte el control estatal: pagar impuestos desmedidos, dejar que el Estado eduque a sus hijos o tolerar empresas públicas ineficientes. A cambio, esos intelectuales reciben poder, prestigio y una parte de la riqueza extraída.

Como ejemplo están todas las “empresas” fracasadas del Bienestar, los elefantes blancos de Morena y los nuevos libros de texto de la SEP.

Ahora, piensen qué pasa si te rehúsas a pagar impuestos excesivos, sin recibir nada adecuado a cambio: el gobierno usa la fuerza contra ti.

En cambio, todos los demás —las empresas y personas comunes—, obtenemos nuestros ingresos vendiendo bienes o servicios que alguien elige comprar libremente. Si cualquier otra persona o entidad que no fuera el gobierno cobrara “impuestos” así, lo llamaríamos robo. La pregunta es: ¿por qué aceptamos que el gobierno haga lo mismo?

Conclusión

No, no soy ni de izquierda ni de derecha, soy libertario. Tengo claro que los principios más importantes son los que defienden la vida, la propiedad y la libertad; nuestros derechos naturales. Los invito a reflexionar. No se dejen convencer por quienes han demostrado, una y otra vez, que no saben lo que hacen. La libertad se vive, se celebra y, sobre todo, se protege.

Presidente y Fundador de Grupo Salinas

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