Cuando me preguntan sobre el pensamiento disruptivo o sobre las ideas que han cambiado el statu quo del momento, sin duda puedo mencionar los testimonios de cientos de personas que moldearon el camino de la sociedad, como Steve Jobs, Satoshi Nakamoto, entre muchos otros.
Otro gran ejemplo de pensamiento disruptivo lo mostró Ayn Rand, una mujer que en los años 20 escapó de una Rusia secuestrada por los comunistas y huyó sola a Estados Unidos. Se convirtió en filósofa y autora de grandes clásicos como La rebelión de Atlas y El manantial, y propuso un nuevo sistema filosófico llamado Objetivismo.
Yo descubrí la obra de Ayn Rand a principios de los años 70, cuando tenía 17 años. La leí mucho, devoré todo su material y quedé realmente impresionado por su libro Los que vivimos, que describe el infierno comunista. Eso me motivó a investigar qué sucedía con ese país, Stalin y todas las atrocidades cometidas por su régimen. Mi estudio me llevó a entender que, por definición, ninguna persona que vive en un sistema opresor puede ser feliz.
En esa época había grandes cuestionamientos por parte de los diversos movimientos sociales existentes: por un lado, teníamos al movimiento hippie, con un discurso de amor y paz, y por el otro, las maquinaciones soviéticas y la guerra de Vietnam. Entonces, Ayn Rand nos señaló un camino a seguir con su filosofía que resalta el poder que tiene cada individuo para salir adelante por cuenta propia, innovar, prosperar y buscar la felicidad.
La rebelión de Atlas es el mejor ejemplo de esta filosofía y, por ello, se convirtió en su obra más importante. En esta novela, narra la historia de un Estados Unidos en decadencia y dividido por la excesiva intervención del Gobierno que, con políticas opresoras y parasitarias, buscaba nacionalizar los emprendimientos más productivos del país. Esto llevó a que los “productores”, para defenderse de los “saqueadores”, se unieran en una huelga para “detener el motor del mundo”.
Así, los más grandes empresarios del país fueron desapareciendo poco a poco, huyendo a una ciudad oculta que llamaron “el escondite de Galt” ―por el líder de la huelga, John Galt―. Los “productores” abandonaron sus negocios y dejaron al país en manos del Gobierno, que estableció una dictadura y llevó al país a la ruina.
La novela ilustra el desastre que puede ocurrir cuando dejamos crecer al Gobierno sin restricciones y permitimos que los “saqueadores” ―a quienes yo llamo gobiernícolas― obtengan grandes beneficios apropiándose de la riqueza que ha sido creada por otras personas: los empresarios y sus valiosos colaboradores.
Parte del pensamiento disruptivo de Ayn Rand es que, contraria a la tendencia de la cultura popular, ella presenta a los emprendedores como verdaderos héroes modernos y rompe con el cuento de Hollywood que mucha gente acrítica cree: si una persona es rica, es malvada; y cuanto más acaudalada, peor.
La riqueza bien ganada no es algo de lo que debamos avergonzarnos; por el contrario, es la medida de nuestra contribución a la sociedad al crear bienes y servicios de calidad que mejoran la vida de millones de personas.
Coincido ampliamente con Rand en que cada uno de nosotros somos responsables de construir nuestro camino, y si queremos ser exitosos, debe ser por mérito propio, utilizando al máximo nuestras habilidades y circunstancias. La sociedad en su conjunto se beneficia sólo cuando los individuos son libres de utilizar su inteligencia para perseguir sus metas y sus sueños: afortunadamente nuestra capacidad de innovar es infinita.
Es natural que todos queramos vivir mejor, pero no debemos renunciar a nuestro bienestar o a los frutos de nuestro éxito para que alguien más se los apropie sin mérito. Al contrario, debemos utilizar nuestro trabajo, habilidades e innovación para impulsar entornos donde cada quien, con su trabajo e ideas, pueda salir adelante. A eso le llamo, prosperidad incluyente.
En palabras de John Galt, el icónico personaje de La rebelión de Atlas: “Juro por mi vida y mi amor por ella que nunca viviré por el bien de otro hombre, ni pediré a otro hombre que viva por el mío”.
Presidente y Fundador de Grupo Salinas
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Twitter: @RicardoBSalinas