El gobernador Mauricio Vila enfrenta un gran reto: demostrar su vocación democrática. Si decide tomar licencia de la gubernatura para competir como candidato plurinominal a un escaño en el Senado de la República, deberá calibrar con precisión el sentido, la intención y la regionalidad de los actos de campaña que organice o participe.

Al solicitar licencia, seguirá siendo gobernador, aunque no esté en funciones; destaquemos la palabra "gobernador": no será un ciudadano más, sino un funcionario electo no activo (“con licencia”). Su campaña, aunque no lo sea literalmente, tendrá cierto tinte de reelección, y la reelección para un gobernador está prohibida. Usar la gubernatura aún activa como plataforma directa y descarada para saltar a otra función va contra el espíritu de la Constitución de 1917 y decenas de principios más.

Si Mauricio Vila opta por la licencia y se dedica a hacer campaña en Yucatán la mayoría del tiempo, podría generar confusión. Un gobernador que se aparta para apoyar la campaña de su partido o coalición con el fin de mantener el poder en su estado abre la puerta a múltiples interpretaciones. Otros gobernadores podrían seguir ese precedente legal para apuntalar a sus sucesores deseados. Sería una argucia electoral.

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En Yucatán, esta sensación de irregularidad sería aún peor, pues tendríamos a un tres veces alcalde de Mérida que “renunció” buscando la gubernatura, al gobernador actual con licencia aspirando al Senado y al gobernador anterior también buscando un puesto por elección directa en el Senado. Una verdadera mezcolanza hasta difícil de describir. Tres candidatos apoyando a uno solo resultaría en una situación desigual, desproporcionada y muy cuestionable.

Si Mauricio Vila aspira a ser senador y comprende que las candidaturas plurinominales responden a una lógica nacional o, al menos, de circunscripción, entonces debería sumarse a esfuerzos en esa magnitud y regionalidad y evitar involucrar, por ética democrática, al estado que gobernó.

Esta reflexión no es trivial; se trata de establecer precedentes. En el futuro, podríamos tener decenas de gobernadores, alcaldes y demás que, a mitad de mandato o en cualquier parte de su mandato, se inscriban en listas plurinominales, soliciten licencia y se dediquen a hacer campaña en su estado, municipio y terruño, manteniendo el control real sobre la burocracia de sus administraciones y sobre sucesores que los seguirán ciegamente.

Sería un caso de "me voy, hago campaña, inclino la balanza a mi favor, influyo en el resultado y ... luego regreso". Estaríamos abriendo una caja de trucos contra la democracia que ya nadie podría cerrar.

Esto es lo que estará en juego en las próximas horas, días y semanas. Está por verse si la aspiración a la senaduría de Mauricio Vila es legítima y limpia, es decir, un deseo genuino de seguir sirviendo, o si se trata de una maniobra calculada para sumarse a la campaña de su partido y candidato en los 30 días clave, para involucrar descaradamente a la maquinaria gubernamental en la elección, asegurar sus intereses en la entidad y luego partir hacia el escenario nacional, manteniendo el cacicazgo local.

Es la disyuntiva entre una carrera democrática con el deseo de servir o un truco para explotar las debilidades de la ley y fortalecer la posición de una alianza electoral y de un candidato que, al parecer, no convence en Yucatán.

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