La semana pasada, el PRI y el PAN, se pelearon en las redes para presumir quién es capaz de postular más “ciudadanos” en la próxima elección. Uno y otro aseguran ufanos que entregarán sus candidaturas a “la ciudadanía”, y que “abren las puertas a los ciudadanos.” En el PAN la medida pareciera esencial para su sobrevivencia, pues van varios años en los que apenas es capaz de acreditar un número de militantes suficiente para mantener el registro legal como partido. Y en el PRI, sus siglas están tan brutalmente desprestigiadas, que no les queda sino regalar candidaturas. Es cierto, desde Grecia clásica, que los dioses ciegan a quienes quieren ver perdidos, pero esto es un poco demasiado. A querer o no, los dirigentes del PRI y el PAN están evidenciando públicamente que no saben de dónde van a sacar candidatos. No hay suficiente gente en sus propias filas dispuesta a postularse con sus siglas perdedoras. Vamos a subastar candidaturas por una módica cifra, ¿quién quiere postularse y perder?  

En el fondo, los partidos ofrecen al postulante el incentivo de robarse el dinero de la campaña, pues en México los candidatos perdedores pueden quedarse con buena parte de los recursos públicos que les fueron entregados. Todos ganan, el partido presume que postuló candidatos a todos los cargos en disputa, que serán literalmente miles, y los candidatos improvisados podrán incrementar su fortuna personal, aunque pierdan la elección. La fiscalización del INE es una de tantas fallas de la transición democrática. Por eso hay tantísimo dinero ilícito y hasta procedente del narcotráfico en las elecciones mexicanas.  

Por su parte, la organización aspirante a convertirse en nuevo partido Somos MX, también presume su significativo componente ciudadano. A nadie le interesa la necesidad de que un país serio construya una clase política profesional. Los partidos de oposición renuncian a su responsabilidad de formación de cuadros y recurren a una suerte de outsourcing. El desdibujamiento ideológico impacta, claro que sí, la calidad de las propuestas de esos candidatos. No es lo mismo ofrecer una candidatura a un ciudadano con merecimientos públicos, que abrir el espacio a cualquiera para ser candidato. Si cualquiera puede aspirar a una candidatura, el partido no representa nada, pues no exige un perfil programático ni una personalidad de cierto tipo para abanderar sus siglas. En otro tiempo, tanto el PRI como el PAN formaban políticos profesionales en sus filas. Ya no les interesa invertir en el largo plazo, sino meramente llenar las listas de candidatos que saben que perderán. Posiblemente el largo plazo dejó de ser importante porque priistas y panistas no están seguros de mantener el registro en los años venideros.   

Tendemos a olvidar que la “ciudadanía” no surge por generación espontánea ni aparece en el vacío. En los países donde existe o existió tal cosa, fue resultado de varias décadas de procesos educativos, ya sea formales o informales, escolares o sociales. Dicho de otro modo, o la ciudadanía se forma mediante programas escolarizados de educación cívica, o se desprende de la asimilación de prácticas sociales y políticas propias de un entorno desarrollado. Nada de eso existe en México porque no le hemos invertido tiempo, dinero y esfuerzo a ninguno de estos temas. Hay que volver a leer el libro Ciudadanos imaginarios de Fernando Escalante, para quitarse la venda de los ojos respecto de la ilusión de una supuesta ciudadanía mexicana plenamente comprometida con la democracia.  

Como en México vivimos de la paradoja, el único partido de oposición que le está apostando a formar una clase política profesional propia en sus filas, es uno que lleva por nombre Movimiento Ciudadano.  El adjetivo ciudadano por todos lados, como si los militantes de un partido político no fueran ciudadanos.  

A nadie se le ocurre que, para vencer a Trump, los norteamericanos requieren un candidato ciudadano. Nadie argumentaría que para revertir el avance del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, lo que hace falta son candidatos ciudadanos. Desde luego, nadie propondría que la solución frente a las consecuencias del Brexit y el crecimiento de Reform UK, el partido de Nigel Farage, lo que se necesita son candidatos ciudadanos. Finalmente, nadie diría que para vencer a Netanyahu y llevarlo ante la justicia en Israel, la estrategia deben ser candidatos ciudadanos. Pero el PRI y el PAN sí, ellos están a la vanguardia.  

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