Silenciosa, paciente, discretísima pero muy eficaz la estrategia de avance chino. Xi Jinping no hace pronunciamientos públicos sobre los grandes problemas del orden internacional contemporáneo. No los necesita. El verdadero poder se ejerce siempre desde las sombras. Mientras Rusia, su estado vasallo y casi lacayo, desgasta a Occidente y lo conduce a una división de la alianza militar más exitosa de la historia, China solamente observa. No tiene prisa alguna. Filtra una nota de prensa de una llamada de apoyo a Putin, o alguna fotografía vieja para refrendar la alianza entre las dos naciones. Así como en otro tiempo la estrategia de contención de Occidente desgastaba progresivamente a la URSS, ahora China hace lo propio con Occidente, vale decir con Estados Unidos. Mientras a Estados Unidos lo divide la polarización y las guerras culturales en el frente interno, en el frente externo deteriora innecesariamente su relación con sus históricos aliados europeos. No queda claro si Trump es consciente del favor estratégico que le hace a Xi Jinping en el largo plazo. China no pierde dinero ni tropas ni prestigio diplomático, mientras Estados Unidos se desacredita solo y pierde credibilidad y confiabilidad en los foros internacionales. Los golpes, la guerra, las pérdidas humanas y financieras las carga Rusia en Ucrania, mientras China solamente calla. Es cierto, me anticipo a la crítica, el gobierno chino tiene enormes desafíos desde demográficos hasta financieros y de estabilidad política interna. Pero por ahora, está logrando importantes victorias sin perder nada, pues el resto del mundo empieza a ver a Estados Unidos como cualquier otro imperio de la historia. El concepto de Enlightened Self-Interest, tan significativo para la reputación liberal de la política exterior de los Estados Unidos, se evapora con una velocidad frenética.

Yo no soy de los que celebran los errores estratégicos norteamericanos. Ya lo he dicho en este y otros espacios, la pérdida de un Estados Unidos liberal al frente del orden internacional pone en peligro preciadas conquistas civilizatorias y bienes públicos universales. Caminamos a un sistema internacional más propenso al caos y anárquico como ha documentado entre otros, Robert Kaplan. Se equivocan quienes suponen que Alemania, Francia o cualquier combinación de gobiernos europeos pueden sustituir a Estados Unidos. Yerran también quienes imaginan que China pretende la edificación de un orden internacional más justo, simplemente busca remplazar la potencia hegemónica para colocarse en su lugar. Otro caso de no podía saberse para la izquierda que sueña estúpidamente con que los chinos se portarán generosamente con los países más débiles. No han puesto atención en África. El problema es que ahora, gracias a Trump pareciera que se difuminan las diferencias entre China y Estados Unidos. O tal vez las diferencias serán más inquietantes. China, al revés del gobierno trumpista, no amenazará durante unos años con romper sus tratados y alianzas en función del humor personal de sus dirigentes. Dicen numerosos observadores que Ucrania es un laboratorio de observación chino para saber cómo reaccionará Occidente cuando los chinos quieran retomar el control integral de Taiwan. No lo sé, puesto que en Ucrania al principio sí hubo un frente occidental unido. De seguir las cosas como van, se ve difícil que muchos europeos quieran aliarse con Estados Unidos en defensa de Taiwan o de cualquier otra causa. ¿Será que entraremos en una era de acomodos bilaterales entre cada país europeo con China y/o Estados Unidos? Dice Amin Maalouf en su libro más reciente El laberinto de los extraviados, que a Estados Unidos no podrán derrotarlo nunca sus enemigos externos. Pero los yerros de los líderes norteamericanos a nivel interno y externo pueden desgastar la alianza occidental mucho más que cualquier ataque de las dictaduras orientales. Hasta un país como Ucrania podría empezar a pensar que su sobrevivencia depende más de pactar con China que con un inestable y poco confiable Estados Unidos. No me gusta nada el mundo que le dejaremos a nuestros hijos.

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