Por Regina Labardini
Me pregunto si Kevin Warsh duerme por las noches.
La Reserva Federal decidirá sobre el rumbo de sus tasas de interés el miércoles 16 de septiembre. ¿Subirlas o no subirlas? Esa es la cuestión que quizá quita el sueño a Warsh y sus colegas.
Ésta será una de tres reuniones restantes para el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) en 2026, que pondrán a prueba la credibilidad del banco central más influyente del mundo y, sobre todo, la de su presidente, con apenas cuatro meses en el cargo.
Tres factores sostienen el escenario que hoy tiene a los mercados asignando a un alza de tasas una probabilidad superior a 85%: el tono antiinflacionario de Warsh en Jackson Hole; un mercado laboral más sólido que el previsto; y una inflación que simplemente no cede, impulsada por combustibles cada vez más caros.
A simple vista la decisión parece sencilla, pero hay un factor ruidoso y protagónico: el presidente Donald Trump, quien nominó a Warsh y demanda tasas más bajas.
Warsh está entre la espada y la pared.
¿La espada? Un alza que incomode a la Casa Blanca a menos de dos meses de la elección intermedia. Créditos más caros son un gran argumento de ventas para la causa demócrata, mientras que, si la inflación viene de un choque de oferta, como el petróleo encarecido por la guerra en Irán, subir tasas podría tener un efecto limitado para contener el avance de los precios. De hecho, la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, aún corre por debajo de la general.
¿La pared? Dejar la tasa sin cambios le costaría credibilidad frente a mercados e inversionistas. No solo reflejaría incongruencia, sino que podría leerse como captura política y el daño, entonces, no sería a su reputación, sino a la independencia de la Fed. Por si fuera poco, el mercado de bonos podría seguir elevando por su cuenta las tasas de largo plazo, encareciendo aún más la deuda pública.
El dilema parece tener salida, pero a Warsh no le agradará.
Suba o no, lo que diga pesará más que lo que decida. Y eso es, precisamente, lo que ha evitado desde que llegó.
Su mandato trajo un cambio de fondo en la comunicación de la Fed: comunicados breves, el fin de la guía futura y la abstención del propio Warsh en el diagrama de puntos, donde cada miembro del FOMC marca de manera anónima dónde ve las tasas al cierre de cada año.
Warsh lleva meses negándose a detallar su función de reacción, es decir, bajo qué condiciones consideraría mover las tasas. Ya empezamos a ver las consecuencias de dejarle una mayor labor de interpretación a los mercados. Y quizá eso no lo deje dormir.
Regina Labardini es Lic. Economía y Finanzas, ITESM. Mtra. Ciencia Política, Universidad de Florida. Head of Economic Content en GBM. Asociada Programa de Jóvenes COMEXI. Instagram/X: @re_labardini
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