Carlos Lavore

Si algo lastima profundamente a una familia es la desaparición de alguno de sus miembros y el calvario de su búsqueda. El dolor y la incertidumbre desbordan lo familiar y llegan a los amigos, el barrio o el pueblo.

Si algo lastima profundamente a una sociedad son las desapariciones forzadas, los calvarios de las búsquedas y la omisión gubernamental.

El país está sembrado de fosas y de colectivos que buscan. Las fosas tienen culpables que nadie busca, el Estado está ausente. Los colectivos que buscan están solos, el Estado no los acompaña, a pesar de estar en las manos de un gobierno que se dice del pueblo.

Veamos. El Estado hace tiempo que responde a las necesidades e intereses de los poderes concentrados, financieros y económicos. En función de ellos se resuelven la institucionalidad y las normas. El gobierno de turno, continuidad del anterior, responde a una lógica de construcción de poder político concentrado y vertical y a esa construcción se somete toda política pública y el conjunto de relaciones con la sociedad.

Hay un rechazo de facto a la formación de colectivos y organizaciones autónomas, que no respondan al partido oficial y que pongan en entredicho su visión colonizada, dependiente y atrasada del desarrollo del país. Para el gobierno no es aceptable que cuestionen la manera en que se “combate” al crimen organizado y se afronta el tema lacerante de las desapariciones forzadas.

Las medidas que se adoptan, cambios en las leyes, creación de organismos o implementación de programas, adolecen de la presencia de los colectivos de búsqueda. Se pierde así la oportunidad de aprovechar su experiencia de años, conocimiento regado con lágrimas, habilidades solidarias y conceptualización del problema desde el dolor. Se desdeña la obligación de cobijarlos, asistirlos y contenerlos. Se omite la posibilidad de un trabajo conjunto, con un Estado presente en la dura circunstancia.

Es que la visión construida desde abajo no tiene cabida, el gobierno interpreta los reclamos a su modo, en varios casos, como éste, les da entidad y resuelve desde arriba, sin participación, reproduciendo la lógica del problema. Y el esquema se repite en la mayoría de los temas de la vida nacional.

Descolonizar el pensamiento significa abordar los problemas desde una perspectiva distinta al modelo hegemónico impuesto por más de cuarenta años. Es decir, asumir lo que ocurre con los colectivos y organizaciones de la sociedad a ras de suelo, en toda su complejidad y riqueza, no mirarlos desde arriba con la mirada del poder, actuar con la excusa de “en nombre del pueblo” y descalificar discrepancias.

Independizar la gestión de gobierno requiere impulsar la multiplicación de organizaciones sociales, productivas y comunitarias, fortaleciendo las que ya existen. Incorporarlas, no sustituirlas. Trabajar con ellas la contención del crimen y el abordaje de las desapariciones. Con sensibilidad y empatía.

Actualizar el proyecto de un país soberano implica asumir plenamente la multipolaridad y trabajar en esa dirección, prescindiendo de alineamientos excluyentes. Implica romper la dinámica patrimonialista de ejercicio del poder, cuya fuerza subordina pensamientos y acciones. E implica abrir los espacios institucionales a la participación social organizada, en todos los órdenes de gobierno.

Integrante de @pormxhoy

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