Cuando entrevisté a mi primo Mario Lavista para un programa que realicé sobre él con motivo de sus 70 años de vida, entre 2013-2014, contestó a mi pregunta, que lo primero que le fascinó de la música, cuando empezó a tomar clases de piano en su niñez, fue el hecho de que la música se podía escribir y, por ende, leer; creo que esto nos da, quizás, la clave del por qué Mario Lavista dejó la interpretación pianística, en la cual ya destacaba, para aventurarse a la composición musical.
Ser intérprete requiere de horas de estudio para adquirir una técnica pianística, el virtuoso domina su instrumento con los músculos de su manos, brazos y hombros al tiempo que desarrolla una memoria musical automática de las obras que tocará ante el público en cambio el compositor escribe una partitura músical basado en los sonidos de muchos y diversos instrumentos o de la voz humana, por lo que componer es más intelectual; el compositor de música es simplemente un escritor del lenguaje de los sonidos.
Retomando el hilo conductor del desarrollo gradual de Mario Lavista como músico, nos habíamos quedado con el intérprete de piano adolescente que pasó a ser un joven inquieto que necesitaba crecer más musicalmente hablando.
Mario nos narra en la entrevista que quiso entrar al Conservatorio Nacional de Música para estudiar composición y lo rechazaron para su desgracia, entonces su amiga Rosa Covarrubias le dijo que no se desanimara, que ella lo iba a llevar con Carlos Chávez, quién había instaurado el Taller de Composición en el mismo Conservatorio Nacional, para que lo orientara, y así fue. Chávez lo recibió, lo oyó tocar y le dijo que debería tomar clases individuales de composición con maestros profesionales por un tiempo y que si avanzaba y tenía talento lo recibiría en dicho taller. Y así lo hizo Mario, tomó clases particulares intensas con maestros compositores como Héctor Quintanar y Rodolfo Halfter, entre los que recuerdo que me contó el propio Mario.
Todo salió bien y Mario fue aceptado como becario del Taller de Composición del maestro Carlos Chávez y una vez más Mario, como alumno, avanza a pasos agigantados sometiéndose a la disciplina de las tareas de componer una sinfonía con los cánones clásicos, un cuarteto, una canción y demás. Uno de los trabajos musicales de esa época de estudiante fue una sinfonía para orquesta completa que Mario tituló “Sinfonía temprana”, que más adelante sería interpretada y luego grabada por su colega, otro destacado estudiante del Taller de Chávez, el maestro Eduardo Mata. El talento de Mario es indudable y el alumno se convierte, muy joven, en maestro del propio Taller de Carlos Chávez. El taller era experimental y primordialmente Chávez quería que fuera un taller que estuviera a la vanguardia de la música contemporánea y entonces, hacia 1969-70 se inauguró los más novedoso entonces: El primer Laboratorio de Música Electrónica en México. (Continuará...)
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