Mario Lavista era mi primo hermano, ambos nacimos en la casa de nuestros abuelos paternos en la calle de Frontera No. 18, del barrio de San Ángel, por lo que, con conocimiento de causa, me permito narrar a ustedes, desde mi punto de vista, la importancia de su obra y su legado en el ámbito de la música contemporánea de concierto, ya que su partida, al viaje sin retorno al que todos llegaremos, ha dejado un gran vacío en la historia de la cultura en México, un vacío que todos los que lo conocieron y fuimos sus amigos nunca llenaremos, imposible hacerlo porque Mario fue un ser único que emanaba un halo de luz brillante con su pura presencia, poseía un gran carisma y simpatía que a todos seducía, además de haber sido un hombre guapísimo.

Como toda historia comienzo por el principio. El origen:

Mario, junto con su hermana gemela, María Luisa, fueron hijos del único hermano de mi padre, el compositor de música para cine Raúl Lavista; se llamaba Mario Lavista Peimbert y era siete años menor que mi padre. Nuestro abuelo se llamaba Rafael Lavista Loaisa, quien se casó con nuestra abuela, Elisa Peimbert Manterola, quien era cantante de ópera en la tesitura de contralto. Mi padre fue considerado un niño prodigio y nuestros abuelos lo mimaron y apoyaron en su carrera musical debido al gran amor que ambos le tenían a la música. Por razones del destino, nuestro abuelo Rafael Lavista fue nombrado gerente del banco Longoria en la ciudad de Mérida, adonde el matrimonio se fue a vivir dejando atrás la Ciudad de México. El clima cálido de Yucatán trajo al matrimonio un nuevo hijo a quien nombraron Mario, esto sucedía mientras mi padre de siete años aprendía a tocar piano y se convertía en un niño prodigio que incipientemente componía pequeñas piezas de música, coleccionaba discos y libros, además de ser un fanático del cine mudo.

Con el tiempo y por razones poderosas, como el hecho de que a nuestro abuelo lo secuestraron en Mérida unos bandoleros para robar el banco, decidieron regresaron a vivir a la Ciudad de México, entonces compraron una casa en la calle de Mayorazgo, en la colonia Del Valle, que después cambió al nombre de Adolfo Prieto, donde vivieron por varios años. Mientras el pequeño Mario crecía, su hermano mayor, Raúl, avanzaba en sus estudios musicales para convertirse con el tiempo en un destacado pianista y luego en compositor de música para el cine…

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