En el contexto actual, en el que la geopolítica global tiene nuevos protagonistas cada semana, Cuba se convirtió, de pronto, en prioridad. Donald Trump la considera una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional” de su país, por lo que firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles a las importaciones de países que vendan o manden petróleo a la isla.

La apuesta es ahorcar económicamente a Cuba, que perdió con la intervención en Venezuela a su principal benefactor. Sin el crudo y el dinero de ese aliado, la situación se ha vuelto aún más precaria para los tan lastimados cubanos.

Esta vez México está en el centro del conflicto. Los envíos de Pemex pasaron de ser importantes a cruciales para el país caribeño. Sin embargo, en días recientes se anunció que Petróleos Mexicanos no vendería más a la isla. La presidenta Sheinbaum aseguró que se trataba de una decisión soberana, pero evidentemente se dio ante las presiones desde Washington.

Queda aún el tema del crudo que se manda a Cuba por razones humanitarias. Ese que no se vende, que no sabemos cuánto es y que enfureció a más de uno en la Unión Americana. Y es que la apuesta de Trump es que el régimen cubano caiga en cuestión de días. Expertos coinciden en que, si no reciben nada de petróleo, en pocas semanas entrarían en una parálisis.

Algunos se han adaptado a una realidad menos dependiente del exterior. Los que pueden usan paneles solares, pero la tecnología para acceder a fuentes de energía renovables es también escasa. La agricultura para el autoconsumo es una respuesta, pero insuficiente para toda la población.

La presidenta Claudia Sheinbaum está en un brutal dilema. Si envía petróleo a Cuba, enfurece a nuestro principal socio comercial y pone en riesgo la renegociación del TMEC. Si no lo manda, expone a la isla a una crisis terrible. Por lo pronto, ya alertó que las medidas impuestas por Estados Unidos pueden desencadenar una emergencia humanitaria y pidió que haya los contactos diplomáticos para encontrar una solución.

La respuesta llegó este fin de semana. Cuando la prensa preguntó a Donald Trump sobre lo dicho por la presidenta Sheinbaum, él aseguró que no habrá crisis humanitaria porque Cuba buscará un trato con Estados Unidos y “la isla volverá a ser libre”.

Los pronósticos con respecto a Cuba no siempre le han salido bien a Estados Unidos. Durante el llamado “Periodo Especial en Tiempo de Paz” a principios de los 90, cuando se desintegró la Unión Soviética, Cuba perdió también subsidios, comercio y petróleo. Escaseaba la comida, no había medicinas y los apagones eran larguísimos. Aumentaron el sufrimiento y la pobreza, más cubanos se fueron de la isla, pero el régimen siguió ahí.

Cambió un poco el escenario, pero se mantuvo la estrategia: castigar para provocar el cambio. La pregunta es si esta vez caerá el régimen, o nuevamente caerá aún más el paupérrimo nivel de vida del pueblo cubano. Porque en estos juegos de poder, el petróleo se negocia, pero la crisis humanitaria se sufre.

@PaolaRojas

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