Hace un par de días en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México (CDMX) la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, publicó el Decreto por el que se adicionan y reforman diversas disposiciones de la Ley de Protección y Bienestar Animal y de la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos en la Ciudad de México, con la finalidad de prohibir que las corridas de toros sean violentas.
Las reformas legales fueron aprobadas por el Congreso de la CDMX con 61 votos a favor, uno en contra y cero abstenciones. Destaca que se prohíben las lesiones dentro y fuera del evento, la muerte del toro dentro de la plaza y la utilización de objetos punzantes que provoquen heridas, lesiones o la muerte del toro o novillo. Además, se establece que, una vez terminada la faena se entregará el ejemplar al dueño y éste decidirá si sacrifica al animal afuera del ruedo o lo regresa a su ganadería.
Asimismo, se define que el espectáculo taurino sin violencia comprende la realización de corridas de toros, novilladas, rejoneo, becerradas, festivales taurinos y tientas en las que no se cause ningún tipo de lesión a los animales ni se les provoque la muerte durante o después del evento.
Entre las sanciones previstas está la multa de 2 mil a 3 mil veces la unidad de medida y actualización vigente por cada animal lesionado o muerto, es decir entre 226 mil y 339 mil pesos, sin perjuicio de las sanciones contenidas en las demás disposiciones legales aplicables.
A mi juicio, la decisión fue acertada por diversas razones, en primer lugar, no podemos soslayar que 75% de las y los capitalinos (3 de cada 4) rechazan las corridas de toros; en segundo lugar, coincido plenamente con la Jefa de Gobierno en que el sufrimiento de un ser vivo no debe ser un espectáculo, ya que son seres sintientes; y en tercer lugar, me parece que estas reformas abonan a nuestro proceso de humanización.
La cultura también debe evolucionar y lo ha hecho, prueba de ello es que mayoritariamente hoy se rechaza el sufrimiento de los animales y una sentida causa ciudadana es la lucha por su respeto y bienestar.
Es claro que el toro está en desventaja y aunque el torero también se juega la vida, la diferencia es que el animal no lo eligió. Pero más allá de la capacidad de discernimiento y, por lo tanto, de elegir, resulta cuestionable que, en el primer cuarto del Siglo XXI, en plena era del conocimiento, exista un espectáculo donde la sangre, el dolor y el sufrimiento sea la constante, cuya culminación tenga como desenlace la muerte de un ser vivo, sintiente o humano.
La violencia genera violencia. ¿Debe seguir la humanidad divirtiéndose con estas escenas? ¿La fiesta taurina con violencia abona a la humanidad y a sus procesos evolutivos? Me parece que la respuesta es no. No, porque es contradictorio alentar la violencia en un espectáculo y combatirla en las calles; no porque como Nación promovemos la cultura de la paz como un ideal, como un valor y como un principio irreductible.
He asistido a corridas de toros más a fuerza que de ganas, he recibido toda clase de explicaciones técnicas; sin embargo, no estoy de acuerdo con las mismas, tampoco deseo que mis hijas presencien esas escenas a las que exponen muchas veces a las niñas, niños y adolescentes.
Existe una industria en torno a la fiesta taurina, la cual tendrá que adaptarse como lo han hecho otras de acuerdo con los bienes jurídicos tutelados por el Estado, así como por la demanda de las y los consumidores, tal es el caso de la cosmética, farmacéutica, cárnica, de espectáculos, entre otras. Es un hecho que para las mayorías la muerte violenta de un ser vivo no puede ser motivo de festejo ni de alegría.
El respeto y bienestar de los animales se encuentra consignando en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y desde hace varios años en la Constitución Política de la Ciudad de México, por lo que las reformas son consistentes con la Normas Superiores que se ha actualizado y perfeccionado conforme a las nuevas realidades, problemáticas, necesidades, valores y principios de la mayoría de la sociedad.
Actualmente, en España las corridas de toros están prohibidas en más de 80 municipios, al igual que en casi todos los países de América Latina y diversas ciudades de Francia se han declarado antitaurinas. La tauromaquia tiende a desaparecer en todo el mundo, porque la humanidad no es la misma de antes, afortunadamente.
En la CDMX no se prohíbe la fiesta taurina, sino el maltrato y la muerte de un ser vivo y sintiente. No veo falla en la lógica legislativa, la violencia no puede ser una diversión y tampoco parte de la cultura.
Activista social
@larapaola1